Museo Regional de Ojinaga abre sus puertas para unir culturalmente la frontera

Por: Alejandro Camacho

Abrió sus puertas al público el Museo Regional de Ojinaga (MRO), ubicado en la puerta de entrada a México, a tan sólo 300 metros de la línea divisoria con Texas, Estados Unidos; su tarea y reto más importante será fortalecer la identidad de la población fronteriza que habita en ambos lados del río Bravo, especialmente enaltecer los lazos culturales, sociales e incluso de parentesco, de los migrantes que trabajan en el país vecino pero nacieron en la región del desierto de Chihuahua.

El espacio museológico es resultado y ejemplo de la confluencia de esfuerzos entre el gobierno federal, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el gobierno municipal de Ojinaga y la iniciativa de la sociedad civil que impulsó la construcción del recinto en el año 2002, con la finalidad de rescatar y poner en valor su pasado histórico.

El director general del INAH, Diego Prieto Hernández, resaltó que el estado de Chihuahua constituye 12.5% del territorio nacional, donde viven poco menos de 3% de los mexicanos, y cuenta con un valioso patrimonio cultural que se manifiesta en edificios históricos, bienes culturales muebles, archivos históricos, zonas arqueológicas y tradiciones importantes que nutren su identidad regional. “Chihuahua es sierra y barranco, llanuras semidesérticas y remansos territoriales alimentados por el agua de ríos y arroyos, donde nacieron las antiguas culturas del desierto. Miles de años atrás, la cacería y la recolección dieron la pauta para mantener la esperanza de vida a familias y bandas nómadas”.

El Museo Regional de Ojinaga es ejemplo del compromiso de empresarios y promotores culturales independientes, de la voluntad de las autoridades municipales que con decisión hicieron suya esta valiosa iniciativa. Pone el ejemplo de ver en el río Bravo una oportunidad de encuentro y no de división, de espacios culturalmente compartidos y no de confrontación. Una alternativa sólida que enorgullece especialmente a los chihuahuenses pero, sin duda, también a todos los mexicanos, y que seguramente ayudará a hermanar comunidades fronterizas, expuso el titular del INAH.

El presidente municipal de Ojinaga, Martín Sánchez Valles, destacó que el recinto es resultado de la suma de esfuerzos y voluntades que para los ojinaguenses es importante por el valor que le da a la cultura de la región.

De las regiones en que se divide el estado de Chihuahua —utilizando criterios naturales y culturales—, los municipios de Ojinaga, Coyame y Manuel Benavides conforman la Región del Desierto. Compartir su historia antigua, virreinal y revolucionaria es uno de los propósitos del Museo Regional de Ojinaga.

El Centro INAH-Chihuahua, como institución comprometida con la preservación y difusión del patrimonio, desde 2014 emprendió el compromiso de acompañar en la gestión de recursos, asesoría especializada y seguimiento del proyecto que hoy llega a feliz término: dotar de museografía al edificio que 16 años atrás había sido construido para ello.

Eso es lo valioso de nuestra institución. Con empeño y entusiasmo, el INAH hace vanguardia en proyectos culturales, tal es el caso de esta museografía que hoy inauguramos. Su visión va más allá de “mis museos” para comprometerse con el fortalecimiento de las redes de museos regionales, municipales y comunitarios. Aparte de la custodia y resguardo de los museos, lo importante es la apropiación social y comunitaria que detonen.

El antropólogo Jorge Carrera Robles, director del Centro INAH Chihuahua, destacó que este museo, por su posición geográfica y su contenido, tiende a convertirse en el espacio cultural más importante de la región del desierto, ubicada al noreste del estado, en los municipios de Ojinaga, Manuel Benavides y Coyame del Sotol, y será fundamental para promover el orgullo de pertenencia de la población migrante originaria de estas localidades, que trabaja en Estados Unidos.

Explicó que, la creación del espacio se debe a la iniciativa del Patronato Cultural Amigos de Ojinaga AC. En el año 2002, con el apoyo del Gobierno del Estado de Chihuahua se concluyó la construcción de un edificio de 658 metros cuadrados, para albergar un museo con la historia de la región de Ojinaga, diseñado por el arquitecto Alberto Rubio Rodríguez.

La presente administración del Centro INAH Chihuahua, en su tarea de acompañar e incentivar la creación de espacios comunitarios orientados a difundir el patrimonio cultural, valoró la posibilidad de apoyar a la sociedad de Ojinaga en los aspectos museológicos del recinto en gestación y organizó un taller con especialistas de la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH, del cual surgió la propuesta de contenido de las salas de exhibición.

En el taller participaron alrededor de 18 promotores culturales de Ojinaga, quienes establecieron los principales contenidos de las salas. Más adelante, ocho especialistas de diversas instituciones integraron la información científica base para elaborar el guión museológico, encargado al destacado historiador Miguel Ángel Berumen, originario de Ciudad Juárez, Chihuahua. La propuesta museográfica, por su parte, corrió a cargo de los arquitectos chihuahuenses Alba Máynez y Luis Martínez.

La museografía es producto de la gestión del patronato de amigos del museo, bajo la presidencia de Carlos Alfonso Rohana Aguilar, el Centro INAH Chihuahua y el municipio de Ojinaga; se aboca a diferentes temáticas presentadas en cinco salas de exposición permanente.

La dos primeras salas están unidas en una sola sección, titulada “Del fósil a la cultura material: el desierto vivo”, atiende los temas de paleontología y arqueología, así como los aspectos naturales de la región; entre las piezas destaca la reproducción de un cráneo fosilizado de un reptil marino del Cretácico, cuyo original está resguardado en la colección científica del Servicio Geológico Mexicano, en la ciudad de Chihuahua; asimismo, presenta materiales arqueológicos que hacen énfasis en las antiguas culturas desarrolladas dentro del área denominada la Junta de los Ríos, donde confluyen los ríos Conchos y Bravo.

La segunda sala aborda las características del entorno natural, propias de la región del desierto. Describe la flora, la fauna y destaca los tres grandes cañones formados por imponentes montañas atravesadas por ríos y que son el atractivo natural de la zona: el Pegüis, en Coyame del Sotol, y San Carlos y Santa Elena, en Manuel Benavides, éste último protegido como área natural que hace frontera con el Parque Nacional del Big Bend, en Estados Unidos.

Otro atractivo museográfico de esta segunda sala es la representación de una bóveda celeste que muestra el cielo nocturno del desierto en noches sin luz de luna, cuando se ve completamente estrellado en un horizonte de 180 grados. Así como un paisaje sonoro que permite escuchar los susurros de la naturaleza.

La sala tres se titula “Ojinaga a través del tiempo”, toca principalmente contenidos historiográficos de la época del virreinato, siglo XIX y la Revolución; describe las instituciones que surgieron a raíz de la Conquista como los presidios (guarniciones militares españolas) y ranchos, así como los elementos tecnológicos, ideológicos y religiosos desarrollados en la época. Aquí se exhibe la réplica del campanario de la Misión de Ojinaga, del siglo XVIII.

Asimismo, la sala destaca la etapa de la Revolución Mexicana, el papel del general Toribio Ortega, originario de Coyame, uno de los hombres importantes del villismo, y principalmente la figura de Francisco Villa en los días de la emblemática Toma de Ojinaga.

Las salas cuatro y cinco, “La vida en el rancho” y “Tradiciones populares en el desierto”, de manera compartida abordan contenidos asociados a las tradiciones artesanales, música, gastronomía, memoria histórica y la vida en los ranchos, relevante dentro de la identidad regional de esa parte del estado de Chihuahua.

Se incluye una serie de retratos de personajes ligados a la tradición popular: los artesanos que fabrican el sotol, bebida tradicional de Chihuahua; las que cosen cubrecamas elaboradas con retazos de tela formando figuras geométricas excepcionales y representativas de Ojinaga; los músicos de saxofón, el instrumento característico del género norteño de esta región, equiparable al acordeón en otras zonas, la charrería y los rancheros.

Jorge Carrera Robles explica que la meta es convertir al museo en el espacio cultural binacional donde encuentren su origen y hagan contacto con su pasado muchos pobladores de la frontera, quienes van a reconocer las historias contadas por sus abuelos y padres, y se van a ver reflejados en las fotografías: el Museo Regional de Ojinaga, como el río Bravo, será un lugar de encuentros que permita conservar lo más valioso de la frontera: una cultura compartida y una identidad común.

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