Revela que la gobernadora de Campeche en su declaración patrimonial no declaró cinco predios equivalentes a 143 hectáreas
Por Félix Muñiz

“Amor con amor se paga”, dice el dicho popular, pero en la política mexicana, el amor parece pagarse con impunidad, corrupción y cinismo, al menos según las denuncias hechas por el senador del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, quien dejó al descubierto un escándalo más dentro del gobierno de Morena.
Esta vez, el blanco fue la gobernadora de Campeche Layda Sansores, quien habría ocultado cinco terrenos equivalentes a 143 hectáreas en su declaración patrimonial. Un caso que huele a encubrimiento, abuso de poder y por supuesto, a la ya conocida complicidad entre clanes políticos.
En un encendido discurso, el dirigente nacional del PRI Alejandro Moreno no solo expuso las omisiones patrimoniales de la gobernadora de Morena Layda Sansores, sino que también desmanteló el aparato de persecución política construido desde el gobierno de Campeche, con el respaldo del Ejecutivo federal.
“No tenían nada contra mí, lo dijeron ellos mismos. Como no pudieron ganar en tribunales, ahora quieren expropiar. Es demencial”, sentenció Moreno, citando declaraciones recientes de la propia gobernadora a Carmen Aristegui.
El ex gobernador de Campeche Moreno Cárdenas no se detuvo ahí. Con documentos en mano, adelantó que revelará aún más propiedades no solo a nombre de Sansores, sino de su familia, consolidando lo que llamó el “Clan del Negro Sansores”. Un grupo político-familiar al estilo de los peores cacicazgos del siglo pasado, con presuntas redes de corrupción que se extienden desde Campeche hasta Chiapas y otras entidades.
Moreno fue más allá en sus señalamientos, apuntando directamente al expresidente municipal y exgobernador Carlos “El Negro” Sansores, a quien calificó como un “cacique” señalado incluso en libros de ser un personaje siniestro y corrupto. “Es parte de la estructura política que hoy gobierna Campeche. Lo peor es que su influencia sigue viva en el actuar de Layda Sansores”, afirmó.
El senador denunció que todo esto forma parte de un pacto cínico y corrupto entre Morena y el crimen organizado, orquestado desde la presidencia de la República. “No es casualidad que el narco esté más fuerte que nunca. No es casualidad que los clanes familiares se enriquezcan con bienes que no reportan. Lo grave es que lo hacen sabiendo que no les va a pasar nada”, enfatizó.
“Alito” Moreno prometió seguir destapando propiedades, cuentas, transferencias millonarias (como los “tres mil milloncitos” enviados a Suiza) y vínculos con grupos criminales, en una ofensiva que, asegura, llegará a organismos internacionales.
La pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo el gobierno federal seguirá protegiendo estos actos? ¿Cuántas hectáreas más deben esconderse, cuántas fortunas familiares deben amontonarse en silencio, para que exista un verdadero castigo?
Lo que está en juego no es solo la integridad de un estado como Campeche, sino la credibilidad de un sistema político cada vez más podrido por el nepotismo y la opacidad. El caso Layda Sansores no puede tratarse como una anécdota más. Es un reflejo del deterioro institucional al que Morena ha llevado al país.
Porque si “amor con amor se paga”, ¿con qué se paga la corrupción descarada?
