Un nuevo escándalo de opacidad golpea al Senado de la República, donde la libertad de prensa fue vulnerada por órdenes directas del coordinador de Morena
Por Félix Muñiz

En un episodio que exhibe la creciente intolerancia hacia la prensa en el Senado de la República, los reporteros gráficos que cubren las sesiones legislativas fueron desalojados y censurados este miércoles por órdenes del coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López Hernández, luego de que lo sorprendieran revisando resultados en páginas deportivas, en su tableta electrónica durante el desarrollo de la sesión ordinaria.
El hecho, tan absurdo como indignante, retrata con nitidez la falta de respeto de algunos legisladores hacia la transparencia, el trabajo periodístico y sobre todo, hacia la ciudadanía que los eligió para legislar, no para seguir el marcador de un partido.
Testimonios de los comunicadores presentes, al menos cinco elementos del Resguardo Parlamentario se desplegaron de forma coordinada para impedir que los fotógrafos continuaran su labor informativa, bloqueando las cámaras y forzándolos a abandonar el área donde se ubica la bancada de Morena.
El operativo no fue un simple exceso de celo. Fue, en los hechos, una orden directa de censura: los guardias se movieron con precisión para cubrir al exsecretario de Gobernación, evitando que nuevas imágenes lo exhibieran distraído, mientras el país enfrenta una crisis de inseguridad, devaluación política y desprestigio institucional.
Los fotógrafos fueron reubicados en una zona restringida detrás de las bancadas del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano, lo que limita su capacidad de cobertura visual sobre el bloque oficialista.
Una maniobra tan descarada como peligrosa, que busca controlar la narrativa visual del Senado y blindar de la mirada pública a quienes deberían rendir cuentas.
Las voces de inconformidad no se hicieron esperar. Los reporteros que cubren la fuente legislativa calificaron la acción como una violación flagrante a la libertad de prensa y una muestra de autoritarismo institucional.
En palabras de uno de ellos, “nos tratan como si estuviéramos cometiendo un delito por hacer nuestro trabajo”. Y tiene razón: en un espacio público, donde el acceso a la información es un derecho, se impuso la opacidad bajo el argumento del poder.
Lo ocurrido este miércoles no es un hecho menor. Revela una peligrosa tendencia del oficialismo a silenciar las voces críticas y a controlar lo que se muestra del Senado, justo cuando la rendición de cuentas debería ser su prioridad. Que un senador ( y además coordinador de bancada) tema más a una fotografía que a la pérdida de credibilidad política, es un signo alarmante de decadencia institucional.
El episodio protagonizado por Adán Augusto López y ejecutado por el Resguardo Parlamentario del Senado pasará a la historia como un acto de censura y abuso de poder, una afrenta directa al periodismo libre y una muestra de cómo el poder, cuando se siente exhibido, reacciona no con transparencia, sino con represión.
