El accidente ferroviario reaviva críticas al Corredor Interoceánico, al Tren Maya, al AIFA y a Dos Bocas por sobrecostos, improvisación y falta de planeación
Por Felix Muñiz

El reciente choque del Tren Interoceánico volvió a encender las alarmas sobre la seguridad y la viabilidad de una de las obras prioritarias del gobierno federal. Lejos de tratarse de un incidente aislado, el accidente confirma —como señaló el coordinador de los senadores del PRI, Manuel Añorve Baños— un problema de fondo: una forma de gobernar marcada por la prisa, la improvisación y la propaganda política, por encima de la planeación técnica y los resultados reales.
Con más de 100 mil millones de pesos invertidos en el Corredor Interoceánico, la promesa oficial fue convertir al Istmo de Tehuantepec en una plataforma logística moderna, segura y competitiva a nivel internacional. Sin embargo, la realidad dista mucho de ese discurso. Cruces inseguros, protocolos deficientes y una operación que parece montada sobre la marcha reflejan que la prioridad no fue construir un sistema ferroviario sólido, sino inaugurar obras para sostener la narrativa del “gran proyecto histórico”. La demanda, además, se mantiene muy por debajo de las expectativas anunciadas desde el inicio del sexenio.
El accidente del Tren Interoceánico no es una anomalía: es parte de un patrón que se repite en las principales obras de la administración de Andrés Manuel López Obrador. El Tren Maya es el caso más emblemático. Anunciado con un costo inicial de 150 mil millones de pesos, hoy supera los 500 mil millones, sin explicaciones claras ni rendición de cuentas proporcional al descomunal sobrecosto. A ello se suma que varios de sus tramos operan con trenes casi vacíos, lo que pone en duda su viabilidad económica y social.
La historia se replica en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Promovido como el gran hub internacional que resolvería la saturación aérea del Valle de México, hoy enfrenta pérdida de rutas, baja afluencia y una operación muy por debajo de su capacidad instalada. Lejos de consolidarse como una alternativa eficiente, el AIFA se ha convertido en un símbolo de subutilización y planeación deficiente.
La refinería de Dos Bocas completa este panorama. El proyecto insignia en materia energética acumula retrasos, sobrecostos y una preocupante opacidad en el uso de recursos públicos. Aunque el discurso oficial insiste en la soberanía energética, la refinería aún no alcanza los niveles de producción prometidos.
En el caso del Tren Interoceánico, el hecho de que no se registraran personas lesionadas fue producto de la suerte, no del diseño. Cuando la seguridad depende del azar y no de sistemas bien planeados, el riesgo se convierte en una constante. Gobernar a base de ocurrencias tiene un costo alto: dinero público desperdiciado, oportunidades perdidas y peligros innecesarios para la población.
Al final, no chocó solo un tren. Chocó la propaganda de Morena con la realidad. Y la realidad vuelve a demostrar que las obras faraónicas, hechas con prisa y sin planeación, terminan exhibiendo el vacío detrás del discurso triunfalista.
