El rezago regional en resiliencia digital, la falta de talento especializado y el auge del fraude con inteligencia artificial amenazan la continuidad operativa y la rentabilidad corporativa
Por Félix Muñiz

La ciberseguridad dejó de ser un asunto exclusivo de los departamentos de tecnología para convertirse en el eje que sostiene la estabilidad empresarial en América Latina y el Caribe.
Así lo advirtió el presidente del Consejo de Administración de Proyectos y Suministros Interdisciplinarios (PSI-México), Ezequiel Aguiñiga Tinoco, quien subrayó que la resiliencia digital es hoy un componente esencial de la gobernanza corporativa y de la sostenibilidad económica.
El también investigador del Instituto Politécnico Nacional alertó sobre una brecha preocupante: mientras en Estados Unidos y Europa el nivel de confianza en la capacidad de respuesta ante ataques a infraestructura crítica alcanza en promedio el 84%, en Latinoamérica y el Caribe apenas llega al 13%.
Esta diferencia, explicó, no es solo estadística; refleja vulnerabilidades estructurales que impactan directamente la continuidad operativa y la rentabilidad empresarial.
“La ciberseguridad es hoy un componente de gobernanza corporativa y de estabilidad económica. Las organizaciones que no fortalezcan su resiliencia digital quedarán expuestas a riesgos sistémicos”, sostuvo Aguiñiga Tinoco, al referirse a recientes ataques dirigidos a infraestructura pública que evidencian la fragilidad de diversos sistemas.
Desde una perspectiva crítica, el diagnóstico no solo revela un problema técnico, sino una omisión estratégica. En muchas empresas de la región, la inversión en ciberseguridad sigue considerándose un gasto operativo y no una inversión estructural. Esta visión de corto plazo, advierte el especialista, compromete la reputación corporativa y la permanencia en el mercado.
El primer eje de riesgo identificado por PSI México es el auge del fraude sistémico impulsado por inteligencia artificial generativa. El 77% de los líderes globales considera que el fraude cibernético y el phishing representan su principal amenaza, incluso por encima del ransomware. Más aún, el 87% advierte que la inteligencia artificial constituye el riesgo de crecimiento más acelerado debido a su capacidad para automatizar engaños a gran escala.
“Estamos frente a una industria del fraude que opera con precisión algorítmica. Ya no busca únicamente interrumpir sistemas, sino infiltrar procesos, suplantar identidades y erosionar la confianza de manera silenciosa”, explicó el ingeniero. Frente a ello, la respuesta no puede limitarse a parches tecnológicos: requiere inteligencia artificial defensiva, analítica predictiva y monitoreo continuo que reduzcan los tiempos de detección y mitiguen impactos financieros irreversibles.
El segundo eje es la denominada “ciber-inequidad”: la brecha de talento especializado. El 85% de las organizaciones con baja resiliencia atribuye su vulnerabilidad a la falta de personal capacitado. En la región, el 69% de las empresas reconoce que su principal debilidad radica en la escasez de habilidades técnicas. Esta carencia genera, en palabras de Aguiñiga Tinoco, una “deuda técnica” que compromete la calidad del servicio y la sostenibilidad financiera.
El tercer factor es el marco normativo. Más que centrarse en la soberanía geográfica de los datos, el especialista propone avanzar hacia una soberanía jurídica sólida, con regulaciones exigentes y mecanismos efectivos de supervisión y cumplimiento que generen confianza, sin importar dónde se alojen los sistemas.
La reflexión es clara: la ciberseguridad no es una tendencia pasajera, sino el principal garante de estabilidad empresarial en el mediano y largo plazo. Las organizaciones que integren la resiliencia digital en su planeación estratégica estarán mejor preparadas para enfrentar un entorno donde la amenaza no es eventual, sino permanente.
