Propuesta desde la UNAM busca retomar el tratamiento diferenciado de los temas clave en la relación México-Estados Unidos
Por Félix Muñiz

La política exterior de Estados Unidos, particularmente durante la administración de Donald Trump, ha transformado profundamente la relación bilateral con México al entrelazar tres temas que históricamente se abordaban de forma separada: migración, narcotráfico y comercio.
Esta estrategia, que ha generado tensiones y desafíos para la diplomacia mexicana, fue analizada a profundidad por especialistas del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM durante el Encuentro Nacional “La investigación social, migración y las fronteras de México”.
El investigador del CISAN Raúl Benítez Manaut, advirtió que la fusión de estos tres temas —migración, narcotráfico y comercio— constituye una “bomba atómica” en términos diplomáticos. Históricamente, explicó, se trataban de manera independiente, lo que permitía mayor claridad y eficacia en su gestión.
Sin embargo, con las 147 órdenes ejecutivas emitidas por Trump, de las cuales 14 tienen impacto directo en México, esta diferenciación se diluyó, generando una nueva lógica en la relación bilateral que complica el margen de maniobra para México.
“La habilidad de la diplomacia mexicana debe enfocarse en regresar a un tratamiento segmentado de estos temas. Solo así se podrá construir una política exterior con base en nuestros propios intereses y no únicamente en función de presiones externas”, propuso Benítez Manaut.
Leonardo Curzio Gutiérrez, también investigador del CISAN, subrayó que México enfrenta un entorno internacional cada vez más hostil, donde el discurso antimexicano gana terreno en la política estadounidense. La fragilidad de acuerdos bilaterales y la creciente agresividad de sectores aislacionistas en EUA, como lo representa la corriente “America First” promovida por Trump, hacen urgente una redefinición estratégica de la narrativa mexicana.
Por su parte, el embajador Enrique Berruga Filloy recordó que, aunque Estados Unidos necesita de la mano de obra migrante —como lo evidencian los datos: 42% de los trabajadores agrícolas no nacieron en EUA—, el enfoque actual se ha centrado en políticas restrictivas que separan familias y criminalizan el tránsito humano.
Desde una óptica estructural, Natalia Saltalamacchia Ziccardi, jefa del Departamento de Estudios Internacionales del ITAM, explicó que la sacudida en la relación bilateral a partir de 2017 no solo alteró el flujo migratorio, sino que también convirtió el fenómeno en un instrumento de política exterior. México, dijo, se vio obligado a tratar la migración como un asunto de seguridad nacional, algo que debilita su capacidad de negociación y coloca a las personas migrantes como piezas de negociación política.
El consenso de los expertos es claro: para fortalecer la relación bilateral y proteger los intereses nacionales, México debe insistir en separar los temas de migración, narcotráfico y comercio en el diálogo con Estados Unidos. Solo así se podrá construir una política exterior basada en principios y no en imposiciones.
