Más de 11 millones de personas nacidas en México viven en EUA, revelan investigadores en conferencia regional: Carlos Barrón
Por Félix Muñiz

El corredor migratorio México–Estados Unidos se mantiene como el más grande del mundo en términos de migración internacional, de acuerdo con investigaciones académicas presentadas por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El tema adquiere especial relevancia en el contexto de la próxima revisión del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, donde persiste la ausencia de un capítulo específico sobre la gobernanza regional del ecosistema migratorio norteamericano.
Así lo expuso Juan Carlos Barrón Pastor, director del Centro de Investigaciones sobre América del Norte, durante su participación en la Décima Conferencia Regional de Trabajo Social y Movilidad Humana en las Américas, titulada “Resonancias Migrantes, Respuestas Regionales ante el Impacto de las Políticas Migratorias”. El encuentro fue organizado por la Escuela Nacional de Trabajo Social y la Universidad Dr. Andrés Bello.
Durante su intervención, el académico explicó que en América del Norte existe un sistema migratorio interconectado entre las tres naciones, en el que las decisiones de política pública adoptadas por un país tienen efectos directos sobre los otros. No obstante, señaló que el fenómeno migratorio continúa siendo abordado desde una perspectiva ideológica, sin consolidarse como un asunto estructural que demande una coordinación regional efectiva y de largo plazo.
Con base en datos internacionales, Barrón Pastor recordó que hasta 2022 se estimaba que alrededor de 281 millones de personas vivían fuera de su país de origen en el mundo, lo que representa aproximadamente el 3.6 por ciento de la población global. Dentro de este escenario, el corredor migratorio entre México y Estados Unidos destaca por su magnitud, ya que el flujo estimado de personas migrantes nacidas en la República mexicana y residentes en territorio estadounidense supera los 11 millones.
El investigador también abordó el contexto político que ha influido en la dinámica migratoria reciente. Señaló que se ha mantenido una política hostil hacia la migración y que el segundo año del mandato de Donald Trump estuvo marcado por expresiones de antimexicanismo y antilatinismo. Como ejemplo, mencionó la respuesta social generada durante el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, que puso de relieve la importancia de la diversidad cultural y de la comunidad hispana en la vida pública estadounidense.
Barrón Pastor enfatizó la necesidad de hablar de “movilidades humanas” en plural, ya que el fenómeno incluye migración laboral calificada, desplazamientos forzados, esquemas de visas temporales de trabajo y solicitudes de asilo. Cada una de estas modalidades, explicó, plantea exigencias distintas y requiere respuestas institucionales diferenciadas.
Finalmente, advirtió que la frontera entre México y Estados Unidos ya no se limita a una línea geográfica.
Las detenciones, arrestos y deportaciones se han extendido a distintos puntos del territorio de ambos países. Además, alertó sobre la falta de claridad en las cifras oficiales y la existencia de “hoyos estadísticos” que impiden conocer el paradero de miles de personas, situación que, dijo, configura una emergencia humanitaria que demanda atención regional y mayor transparencia institucional.
