Shadow

Divide a senadores del oficialismo con los de oposición el voto popular para elegir consejeros del INE

Morena está jugando con fuego asegura la senadora del PRI Carolina Viggiano

Por Félix Muñiz

 

 

La propuesta impulsada desde Morena para elegir a los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) mediante voto popular ha encendido un fuerte debate en el Congreso de la Unión, dividiendo posturas y levantando serias alertas sobre la salud democrática del país.

Mientras el oficialismo la vende como una medida para alcanzar una “democracia auténtica”, la oposición denuncia con contundencia que se trata de un intento burdo por capturar al árbitro electoral.

Detrás del discurso de empoderamiento ciudadano que promueven senadores como Enrique Inzunza, presidente de la Comisión de Estudios Legislativos, se esconde una realidad mucho más turbia: el riesgo de que los órganos constitucionales autónomos, como el INE, queden a merced de las mayorías políticas y sus maquinarias clientelares.

 

 

“Las decisiones deben alinearse a la soberanía del pueblo”, declaró Inzunza, en respuesta a la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, quien calificó de “escabroso” someter la elección de consejeros al voto directo.

Pero no es un detalle menor que sea precisamente Taddei, beneficiaria del controvertido proceso de insaculación, quien ahora advierta los peligros de politizar aún más el nombramiento de consejeros.

La senadora priista Carolina Viggiano fue tajante al acusar a Morena de disfrazar sus ambiciones de poder con lenguaje democrático: “Lo que quieren es seguir nombrando todo, como lo hicieron con jueces, magistrados y ministros, usando sus programas sociales como herramientas de control político”.

 

 

 

La propuesta de elección popular de consejeros del INE no es una idea aislada, sino parte de una estrategia más amplia para debilitar los contrapesos del sistema político mexicano. El control del árbitro electoral no es una simple modificación técnica: representa un ataque frontal a la imparcialidad y autonomía que el INE ha construido durante décadas.

Desde la oposición, se recuerda que las reformas electorales más profundas se han construido con diálogo entre fuerzas políticas, no desde la imposición del Ejecutivo. “Hoy no tienen ningún contrapeso, pero tampoco resultados que dar”, criticó Viggiano, dejando claro que esta iniciativa refleja más un afán autoritario que un interés genuino por fortalecer la democracia.

El presidente de la Comisión Permanente, Gerardo Fernández Noroña, intentó bajar el tono al señalar que aún no hay una discusión formal sobre el tema dentro de la coalición gobernante, aunque admitió que podría integrarse a un paquete de reformas más amplio.

Sin embargo, sus declaraciones dejan la puerta abierta a un escenario preocupante: el de una “reforma definitiva” cocinada sin consensos y a la medida del oficialismo.

La idea de someter al INE al voto popular no es democrática, es peligrosa. En un país donde los programas sociales, la desinformación y el uso electoral de recursos públicos son moneda corriente, abrir la elección de consejeros al voto directo es una fórmula para politizar aún más al árbitro y debilitar la confianza ciudadana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *