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“El asesinato de la maestra Irma Hernández en Veracruz: evidencia el brutal control del crimen organizado en México”: Alejandro Moreno

Hoy está muerta porque en Veracruz manda el crimen, no la ley

Por Félix Muñiz

 

 

El brutal asesinato de la maestra jubilada Irma Hernández en Veracruz no es un hecho aislado, ni una simple nota roja más. Es una tragedia que refleja con crudeza el fracaso absoluto del Estado mexicano y la claudicación de las autoridades frente al poder creciente del crimen organizado.

A través de sus redes sociales el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, una herida abierta que “indigna y duele profundamente”, no sólo por la violencia inhumana del acto, sino porque se llevó a cabo con total impunidad, como un mensaje de terror.

Irma no sólo era maestra jubilada: también trabajaba como taxista para sobrevivir. Era una mujer trabajadora, honesta, parte de ese México que aún lucha por vivir dignamente en medio del caos.

Pero en Veracruz, como en muchas regiones del país, el trabajo honesto ya no es suficiente para protegerse. La asesinaron por negarse a pagarle al crimen organizado, un “derecho de piso” que se ha convertido en la nueva forma de extorsión institucionalizada ante el vacío de poder legal. La arrodillaron, la rodearon de hombres armados y grabaron su asesinato. No fue solo una ejecución: fue un acto de propaganda criminal.

 

El senador del PRI Alejandro Moreno dijo que el caso de Irma Hernández es un grito desesperado que evidencia la rendición del gobierno mexicano. Las autoridades han sido rebasadas y, peor aún, han aprendido a vivir en la comodidad de la omisión. Mientras las regiones enteras caen bajo el control de cárteles y grupos armados, el gobierno federal sigue vendiendo un discurso de “abrazos, no balazos”, como si la retórica vacía pudiera frenar las balas que acribillan a los ciudadanos.

Veracruz, un estado con larga historia de violencia e impunidad, vuelve a ser el epicentro de la barbarie. Pero esta vez, el horror se ha vuelto viral, grabado, editado y compartido como advertencia. ¿Dónde están las respuestas? ¿Dónde están las acciones contundentes del gobierno? El silencio es tan ensordecedor como el disparo que le arrebató la vida a Irma.

El ex gobernador del Estado de Campeche Alejandro Moreno lo resume con crudeza: “Esto no es una nota roja más. Es México desangrándose ante la mirada indiferente de quienes deberían defender al pueblo”. Y tiene razón. El asesinato de una maestra jubilada no solo debe doler; debe indignar y sacudir a una sociedad que está perdiendo su capacidad de asombro ante la violencia.

Irma Hernández ya no está. Su crimen, como tantos otros, probablemente quedará impune. Pero su muerte debe ser un parteaguas. No podemos seguir normalizando el terror. No podemos aceptar que en México se asesine con tanta facilidad a una maestra por querer vivir con dignidad. La justicia, si aún existe, debe llegar. Y si no llega, entonces que al menos su historia nos recuerde el precio de la indiferencia y el abandono.

 

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