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El Tren Maya: el elefante blanco de López Obrador que circula vacío: Manuel Añorve

Actualmente, el Tren Maya transporta apenas 3,200 pasajeros diarios, cuando el propio gobierno de Morena prometió 74,000 usuarios al día

Por Félix Muñiz

 

 

 El Tren Maya, presentado por el presidente Andrés Manuel López Obrador como la obra emblemática de su sexenio y el motor del supuesto desarrollo del sureste mexicano, hoy se ha convertido en un elefante blanco monumental, denuncio el coordinador de los senadores del PRI Manuel Añorve Baños.

El legislador priista por el estado de Guerrero Manuel Añorve, indicó que lejos de detonar turismo, bienestar o crecimiento económico, el proyecto exhibe cifras vergonzosas, estaciones vacías y un profundo divorcio entre la propaganda oficial y la realidad que viven turistas y pobladores.

Los números son demoledores. Actualmente, el Tren Maya transporta apenas 3,200 pasajeros diarios, cuando el propio gobierno de Morena prometió 74,000 usuarios al día. Esto significa que opera solo al 5% de lo proyectado, según cifras oficiales citadas por EL PAÍS.

No se trata de una percepción ni de una crítica opositora: es un fracaso medible, documentado y evidente.

Basta recorrer dijo Añorve Baños sus estaciones para confirmar el desastre. Los trenes circulan casi vacíos incluso en temporada alta, cuando el Caribe mexicano y la península de Yucatán reciben miles de visitantes. En muchas terminales hay más elementos de la Guardia Nacional que pasajeros, una imagen que resume a la perfección el absurdo de la obra: vigilancia para un tren que nadie usa.

El turismo internacional, ese que supuestamente sería el gran beneficiado, simplemente ignora al Tren Maya. Los visitantes siguen moviéndose en tours privados, autobuses o autos rentados. Muchos ni siquiera saben que el tren existe y quienes lo conocen lo consideran poco práctico, lento y mal conectado. Las estaciones están lejos de los centros urbanos y de los principales atractivos turísticos, lo que obliga a gastar más tiempo y dinero en traslados adicionales.

Para los pobladores locales, el panorama es aún peor. El Tren Maya no les sirve. Las estaciones quedan alejadas de las comunidades, los costos del traslado encarecen el viaje y el autobús tradicional sigue siendo más barato y eficiente. El resultado es claro: la gente no lo usa porque no responde a sus necesidades reales.

Ante la falta de usuarios, el gobierno ha recurrido a medidas desesperadas. El Ejército, ahora convertido en operador ferroviario, ha tenido que rematar boletos con descuentos de hasta el 50% y gastar millones de pesos en publicidad para atraer pasajeros. Ni así funciona. El uso sigue siendo mínimo y la inversión pública continúa drenándose sin retorno social.

Los artesanos y comerciantes locales no dudan: “al pueblo no nos beneficia en nada”. El negocio fue para otros, no para las comunidades mayas que fueron usadas como discurso, pero excluidas de los beneficios reales. Lo que queda es un proyecto impuesto, improvisado y decidido desde el poder, sin escuchar a la gente.

El Tren Maya no es desarrollo. Es el símbolo de un gobierno que apostó por la propaganda, ignoró las advertencias técnicas y sociales, y hoy entrega un fracaso costoso. Un elefante blanco que recorre la selva vacía, mientras las promesas de López Obrador se quedan, una vez más, en el andén de la decepción.

 

 

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