Antes el ex ministro defendía a capa y espada al “interés legítimo” y acusaba de ignorantes a quienes lo criticaban
Por Félix Muñiz

En un acto de evidente contradicción que raya en la desvergüenza intelectual, el exministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, ha sido blanco de duras críticas por parte del coordinador de los senadores del PRI, Manuel Añorve Baños, quien lo acusó tajantemente de ser “incongruente e ignorante”.
Y no sin razón. La polémica gira en torno al respaldo que Arturo Zaldívar ha ofrecido recientemente a la reforma a la Ley de Amparo, una modificación que, según múltiples expertos y legisladores, desvirtúa por completo la figura del “interés legítimo”, uno de los pilares más importantes en la defensa de los derechos ciudadanos frente al poder del Estado.
Lo irónico —y preocupante— es que fue el propio Zaldívar quien, en su libro “Hacia una nueva Ley de Amparo” (pág. 55), defendía con vehemencia esa figura. En ese texto, el entonces ministro no sólo sostenía que el interés legítimo era fundamental para ampliar el acceso a la justicia, sino que descalificaba a quienes se atrevían a cuestionarlo, tachándolos de “ignorantes” y de no entender la evolución de los derechos constitucionales.
Hoy, el mismo Zaldívar Lelo de la Rea, aplaude una reforma que, lejos de fortalecer el amparo como herramienta de protección ciudadana, lo debilita. La modificación reduce el alcance del interés legítimo, cerrando la puerta a organizaciones, colectivos y ciudadanos que no puedan demostrar una afectación directa y personal, aunque exista una vulneración evidente a derechos humanos o principios constitucionales.
La postura actual de Zaldívar no sólo contradice sus propias palabras escritas y publicadas, sino que pone en entredicho la seriedad de su compromiso con los principios jurídicos que alguna vez defendió. Manuel Añorve no dudó en señalar esta evidente contradicción como muestra de una doble moral: “Lo que antes era ignorancia para él, hoy lo celebra con aplausos. Si no es ignorancia, entonces es oportunismo”, expresó el senador priista.
La gravedad del asunto no puede subestimarse. Estamos hablando de un exministro que marcó profundamente la línea jurisprudencial del país y cuya palabra aún tiene peso en el debate público. Que ahora respalde una reforma que desmantela parte de la arquitectura legal que él mismo contribuyó a construir, resulta no sólo paradójico, sino profundamente alarmante.
La crítica del senador priista Añorve Baños no es una simple diferencia de opiniones: es una denuncia de fondo sobre la falta de coherencia y el daño que actores como Zaldívar pueden causar cuando cambian de postura no por evolución doctrinaria, sino por conveniencia política.
En un contexto donde la división de poderes y la autonomía judicial están en constante amenaza, figuras públicas como Zaldívar deberían ser ejemplo de consistencia y defensa de principios, no de acomodos ideológicos.
Lamentablemente, hoy el exministro no parece representar ni lo uno ni lo otro. Tal como él mismo escribió en su libro, lo que estamos presenciando es, al menos, una muestra clara de “tremenda ignorancia”. O, peor aún, de conveniente traición a sus propias ideas.
