En un país donde manda el crimen organizado, hablar de soberanía resulta una burla para millones de ciudadanos que viven con miedo
Por Félix Muñiz

El presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, volvió a colocar el tema de la seguridad en México en el centro del debate nacional al manifestar su respaldo abierto a la determinación del gobierno de Estados Unidos de colaborar en la destrucción del crimen organizado en México.
En conferencia de prensa, en el marco de la Reunión Plenaria de los diputados y senadores del PRI, el dirigente nacional del tricolor Alejandro Moreno destacó que en nuestro país hay un terrorismo criminal que ha sembrado miedo en la población.
La postura, expresada por el senador del PRI con legisladores priistas, no solo cimbró el discurso oficialista de “soberanía”, sino que evidenció (una vez más) el colapso del Estado mexicano bajo los gobiernos de Morena.
En un país donde manda el crimen organizado, hablar de soberanía resulta una burla para millones de ciudadanos que viven con miedo. Moreno Cárdenas fue contundente: México enfrenta un terrorismo criminal que ha normalizado masacres, fosas clandestinas, campos de exterminio, drones bomba y asesinatos de políticos, mujeres, niñas y niños.
Frente a esta realidad, el rechazo del gobierno federal a la colaboración internacional en materia de seguridad no es patriotismo: es complicidad por omisión.
“Alito” Moreno cuestionó con dureza la incongruencia de Morena, que acepta y paga médicos cubanos, pero se niega a recibir apoyo internacional para combatir a los cárteles. ¿La soberanía aplica solo cuando conviene al discurso político? Para Moreno Cárdenas, la respuesta es clara: Morena utiliza la soberanía como cheque en blanco para encubrir su ineptitud, corrupción y vínculos con el narcopoder.
Durante la Reunión Plenaria de diputados y senadores del PRI, el líder tricolor denunció que el gobierno federal está rebasado, “doblado” y “hincado”, tanto en política exterior como en seguridad pública. Las supuestas cifras oficiales de reducción del delito, aseguró, son “cifras alegres” maquilladas desde la mañanera, mientras la violencia real se siente en las calles. Desapariciones ocultas, homicidios reclasificados y secuestros silenciados forman parte de un andamiaje de mentira institucionalizada.
El respaldo de Alejandro Moreno a la participación de Estados Unidos en el combate al crimen organizado en México también tiene una lectura estratégica: la pésima política exterior de Morena ha tensado la relación con los principales socios comerciales del país y pone en riesgo la estabilidad del T-MEC, el tratado más importante para la economía nacional. Sin certidumbre, sin Estado de Derecho y sin combate real al crimen, México pierde confianza internacional.
En contraste, Moreno Cárdenas defendió el papel histórico del PRI como constructor de instituciones, creador de programas sociales, arquitecto de los tratados comerciales y garante de gobernabilidad. Aseguró que el país atraviesa “el momento más oscuro de su historia democrática” y advirtió que México va directo al abismo si continúa en manos de un gobierno que ha normalizado la violencia y destruido las instituciones.
El mensaje final fue claro y político: el PRI no tiene miedo, dará la batalla y denunciará el Estado fallido que hoy gobierna Morena. En un México donde el crimen organizado opera con libertad, respaldar la cooperación internacional no es traición: es responsabilidad de Estado.
