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García Harfuch presume una baja del 32% en homicidios, pero México sigue ahogado en violencia

Comparece en el Senado de la República por la Glosa del 1er informe de la presidenta Sheinbaum y dice que van con saldo a favor de como comenzaron

Por Félix Muñiz

 

 

 El Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, compareció ante el Senado de la República con una sonrisa de autocomplacencia y un discurso que, aunque cargado de cifras alentadoras, parece profundamente desconectado de la realidad que viven millones de mexicanos.

Según el funcionario, bajo la estrategia de seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum, los homicidios dolosos han disminuido un 32%. Sin embargo, los hechos violentos continúan ocurriendo diariamente en estados como Guerrero, Michoacán, Guanajuato y Zacatecas, donde los ciudadanos siguen atrapados entre fuego cruzado, desapariciones y ejecuciones.

García Harfuch aseguró que hay 27 homicidios menos por día, sin explicar en qué regiones del país ocurre esa supuesta mejora. Las cifras, por sí solas, no bastan. La violencia no se combate con presentaciones en PowerPoint ni con frases cuidadosamente diseñadas para titulares.

 

 

Las comunidades siguen bajo control de cárteles, el miedo persiste, y la percepción de inseguridad no disminuye. ¿De qué sirve decir que hay menos homicidios si la impunidad, el desplazamiento forzado y la narcopolítica siguen tan vigentes como siempre?

Además, el secretario aplaudió los más de 1,500 laboratorios destruidos y las toneladas de drogas aseguradas por el Ejército y la Marina. Sin embargo, no explicó cómo estos logros han mejorado la vida cotidiana de los ciudadanos. ¿Qué cambia para el ciudadano común que un laboratorio clandestino sea destruido si en su comunidad siguen apareciendo cuerpos colgados de puentes y balaceras a plena luz del día?

La supuesta lucha contra el huachicol fue otro punto mencionado como un gran avance. A pesar de los “aseguramientos históricos”, las tomas clandestinas siguen apareciendo y la red de corrupción alrededor del robo de combustible no ha sido desmantelada en su totalidad. La narrativa de éxito es fácil de sostener en un foro político, pero difícil de respaldar en los hechos.

García Harfuch también celebró la “coordinación ejemplar” entre la SSPC y la Fiscalía General de la República, citando la detención de líderes criminales como un hito. No obstante, los vacíos de poder que dejan esos arrestos suelen ser ocupados rápidamente por otros grupos armados, lo que provoca más violencia y una cadena interminable de muerte.

Mientras tanto, el secretario minimizó la sobrepoblación penitenciaria, afirmando que solo uno de los 14 penales federales presenta saturación. Lo que no mencionó es la crisis en cárceles estatales y municipales, ni los riesgos de hacinamiento, violencia interna y corrupción dentro del sistema penitenciario.

El gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, intenta mostrar una cara de éxito en seguridad pública. Pero más allá del discurso optimista de García Harfuch, la realidad del país sigue marcada por territorios controlados por el crimen organizado, ciudadanos desplazados y una justicia que no llega.

En suma, la comparecencia del secretario dejó un sabor amargo: promesas repetidas, cifras desconectadas y un triunfalismo que contrasta brutalmente con la inseguridad que sufren millones. La estrategia podrá estar “dando frutos” en los informes, pero en las calles, la violencia sigue cosechando miedo, muerte y desesperanza.

 

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