Noroña, empuja a Alejandro Moreno y demuestra, una vez más, que en Morena el abuso de poder es regla, no excepción
Por Félix Muñiz

Lo que sucedió hoy en la Comisión Permanente del Congreso no fue una sorpresa: fue la repetición de un patrón. Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y eterno provocador, volvió a mostrar su verdadero rostro: autoritario, prepotente y cobarde.
En un acto que raya en lo vulgar, el legislador de Morena rompió un acuerdo parlamentario al arrebatarle la palabra al senador del PRI, Alejandro Moreno, y dar por concluida la sesión de forma unilateral. ¿El objetivo? Silenciar a la oposición, como ya es costumbre en la 4T.
Pero no solo fue una muestra de autoritarismo parlamentario, también hubo agresión física. En un mensae en sus redes sociales Alejandro Moreno, expone que fue Noroña quien “lanzó el primer empujón” de forma cobarde y calculada.
No es la primera vez que el morenista usa la violencia y el chantaje como herramientas políticas. Ya es su sello: cuando no puede con argumentos, grita, empuja y victimiza.
Morena no solo permitió este atropello, lo aplaudió. El silencio cómplice de los legisladores oficialistas ante este atropello es otra evidencia del desprecio que tienen por la democracia y por el respeto a las instituciones. Se llenan la boca hablando de pueblo y justicia, pero no son más que una élite de “nuevos ricos” —como bien señaló Moreno— que usan el poder como escudo para callar y perseguir.
Alejandro Moreno no se quedó callado. Con firmeza, advirtió que el PRI no tolerará estos abusos y anunció una serie de acciones para enfrentar lo que calificó como una dictadura en ciernes. “Vamos a salir a las calles”, dijo. No fue una amenaza vacía, sino una advertencia legítima frente a un poder que ya no disimula su desprecio por el disenso.
La persecución política contra líderes opositores como Moreno y la senadora Lilly Téllez es solo una muestra más del estilo de gobierno que Morena ha instaurado: uno donde el adversario político es tratado como enemigo, y donde la fuerza se impone al diálogo. “Exigimos que dejen de perseguir a los opositores, porque están dispuestos a todo estos narcopolíticos de Morena”, denunció Moreno con claridad.
El PRI ha dejado claro que no aceptará el Maximato de López Obrador ni la sumisión que pretenden imponer sus alfiles, como Fernández Noroña. El Senado no puede seguir siendo rehén de personajes tan ruines como el actual presidente de la Mesa Directiva. Su comportamiento no solo es vergonzoso, es una amenaza directa a la vida parlamentaria del país.
Fernández Noroña cruzó la línea. Su cobardía quedó documentada y su bajeza política, expuesta. Pero esto no se quedará en un escándalo de pasillo: el PRI promete resistencia, y millones de ciudadanos observan cómo la democracia se diluye entre gritos, empujones y cinismo.
