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Rubén Rocha Moya prometió gobernar Sinaloa con justicia y hoy calla ante el miedo por la violencia: Paloma Sánchez

La narcoguerra ha acabado con la paz y tranquilidad de las y los sinaloenses y la economía registra pérdidas de hasta 30 mil millones de pesos

Por Félix Muñiz

 

 

Sinaloa arde y el silencio del gobernador Rubén Rocha Moya retumba más que las balas. Tras nueve meses de una narcoguerra que ha destrozado la tranquilidad del estado, los sinaloenses se enfrentan no solo al miedo cotidiano, sino también a una administración que prometió justicia y hoy se esconde en la comodidad de la indiferencia.

Así lo denunció con severidad la senadora del PRI Paloma Sánchez Ramos, quien acusó directamente al mandatario morenista de complicidad pasiva frente a la ola de violencia que desangra a la entidad.

 

 

Con cifras tan contundentes como alarmantes, la senadora sinaloense Sánchez Ramos dejó claro que el estado no solo ha perdido la paz: ha perdido también empleos, inversiones y esperanza. Al menos 1,469 personas asesinadas desde el 9 de septiembre —cinco homicidios diarios—, más de 1,559 personas desaparecidas, 43 menores de edad asesinados, 5,000 vehículos robados, y lo más simbólicamente devastador: 34 policías ejecutados en cumplimiento de su deber. ¿Y la respuesta del gobierno de Rocha Moya? Minimizar. Llamar “exagerados” a quienes exigen rendición de cuentas.

“Prometieron gobernar con justicia y hoy callan ante el miedo”, sentenció la legisladora priista Paloma Sánchez, quien acusó directamente al gobernador Rubén Rocha Moya de permitir que la violencia, el terror y la impunidad se normalicen en la entidad. Para la legisladora, lo verdaderamente inaceptable no es solo la brutalidad de los criminales, sino la parálisis de quienes juraron defender a la ciudadanía.

El impacto económico de esta crisis de seguridad es igualmente devastador. La senadora estimó que las pérdidas ascienden a 30 mil millones de pesos, con más de 25 mil empleos eliminados, afectando gravemente el desarrollo económico y social del estado. Sinaloa, otrora tierra fértil para el trabajo agrícola y el turismo, hoy se ha convertido en un campo minado por la violencia, donde la inversión huye y los jóvenes ven su futuro cancelado.

Y mientras tanto, Rocha Moya opta por un mutismo vergonzoso. Lejos de enfrentar el problema, desacredita a quienes, como Paloma Sánchez, alzan la voz por los sinaloenses. ¿Dónde está el liderazgo que prometió justicia social y seguridad para todos? ¿Dónde están las políticas públicas que enfrentarían al crimen organizado? ¿Dónde está el gobernador cuando su pueblo más lo necesita?

Sinaloa no necesita un mandatario que minimice la tragedia. Necesita acción, necesita valentía, necesita resultados. Y, sobre todo, necesita que quienes están en el poder dejen de temerle más al costo político que al dolor de las víctimas.

Hoy, la senadora Paloma Sánchez dice lo que muchos callan: Rubén Rocha Moya ha fallado. Falló a las madres que buscan a sus hijos desaparecidos. Falló a los comerciantes que han perdido todo. Falló a los sinaloenses que creyeron que un gobierno de Morena traería justicia.

El silencio del gobernador es cómplice. Y en Sinaloa, la justicia no puede seguir esperando.

 

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