Durante la pandemia del COVID-19 el López Gatell actuó con negligencia criminal, porque sus errores están detrás de la muerte de cientos de miles de personas
Por Félix Muñiz
La reciente designación de Hugo López-Gatell como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha generado una oleada de indignación en la opinión pública y en sectores políticos que no han olvidado —ni perdonado— su gestión durante la pandemia de COVID-19. Calificar esta decisión como inaceptable es quedarse corto: se trata de una burla atroz para las miles de familias que perdieron a un ser querido debido a una política sanitaria marcada por la negligencia, la soberbia y la desinformación.
El coordinador del PAN en el Senado, Ricardo Anaya Cortés, fue claro y contundente al señalar que este nombramiento no solo es increíble, sino una bofetada directa al dolor de los mexicanos: “Nombrar al doctor muerte, al responsable de muchas de esas muertes, como representante de México ante la OMS es una aberración moral y política”, denunció.
Y es que López-Gatell no solo fue negligente: fue criminalmente irresponsable. Bajo su dirección, se ocultaron cifras, se minimizó la utilidad del cubrebocas, se desestimaron recomendaciones científicas y se promovió una política sanitaria errática que tuvo consecuencias devastadoras. Hoy, México arrastra un saldo de casi 800 mil muertes por COVID-19 —muchas de ellas evitables—, tragedia agravada por un discurso oficial que negó la gravedad de la pandemia.
En el Senado, los legisladores panistas Mario Vázquez Robles y Marko Cortés Mendoza exigieron un minuto de silencio en memoria de las víctimas, atribuyendo directamente la responsabilidad de muchas de esas muertes a López-Gatell y al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
La ceremonia, más allá de su carga simbólica, fue un recordatorio de que el país no puede, ni debe olvidar.
Proponer a Hugo López-Gatell como cara de México ante un organismo como la OMS no solo ofende a la memoria de las víctimas, sino que envía un mensaje equivocado al mundo: el de un país que premia la incompetencia y normaliza el dolor ajeno. Con tantas doctoras y doctores honorables en el país, elegir precisamente al más cuestionado de todos es simplemente inaceptable.
Resulta alarmante que esta decisión se pretenda maquillar como un acto diplomático o de continuidad institucional. En realidad, es una maniobra política que insulta la inteligencia y la memoria colectiva de una nación que aún no se recupera del trauma que significó la pandemia.
Por todo ello, sería no solo lógico, sino urgente, que la OMS rechace esta propuesta. La credibilidad del organismo internacional también está en juego: no puede recibir como representante de México a alguien señalado por negligencia criminal. De hacerlo, se convertiría en cómplice simbólico de una tragedia evitable.
La historia no debe repetirse. El pueblo mexicano merece justicia, no simulaciones. Y eso empieza por decir con claridad que el nombramiento de Hugo López-Gatell ante la OMS es inaceptable y una burla imperdonable para México.
