Una condena fulminante al modelo antidemocrático de Nicolás Maduro
De la redacción

La COPPPAL expulsa al PSUV de Venezuela y marca con esta decisión un antes y un después en la relación de América Latina con los regímenes autoritarios. La expulsión del Partido Socialista Unido de Venezuela, brazo político del chavismo encabezado por Nicolás Maduro, no es solo una medida administrativa: es una acusación frontal y directa contra un modelo que ha traicionado sistemáticamente los principios democráticos más básicos.
La Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL), compuesta por organizaciones progresistas comprometidas con la democracia, ha decidido cerrar filas y expulsar de manera definitiva al PSUV por sus “graves y reiteradas faltas” a los valores fundacionales del organismo. El veredicto no deja lugar a dudas: elecciones fraudulentas, represión política, desaparición de partidos opositores, violaciones a los derechos humanos y una democracia completamente desfigurada.
¿Qué más hacía falta para tomar esta decisión? ¿Hasta cuándo seguirían algunos sectores en el continente justificando lo injustificable?
Según informó la Coordinación General de la COPPPAL, la expulsión del PSUV se da tras un minucioso análisis del dictamen de la Comisión de Admisiones y de las denuncias formales presentadas por partidos históricos como el Liberación Nacional de Costa Rica, el APRA de Perú y la Izquierda Democrática de Ecuador. No se trata de un capricho, sino de una reacción firme ante la sistemática erosión del Estado de Derecho en Venezuela.
El organismo regional denunció que en múltiples ocasiones se intentó, sin éxito, entablar un diálogo constructivo con el Gobierno venezolano para exigir transparencia en los procesos electorales, respeto a la oposición y liberación de presos políticos. La respuesta del régimen: el silencio o la represión.
Alejandro Moreno, presidente de la COPPPAL, fue contundente: “No podemos tolerar que nuestros partidos miembros vayan en contra de los principios democráticos que durante 46 años hemos defendido. La democracia social es el eje de nuestra lucha, y hoy reafirmamos ese compromiso”. Con esta declaración, se pone fin a cualquier ambigüedad: el chavismo ya no es compatible ni siquiera con los sectores más progresistas del continente.
La expulsión del PSUV por parte de la COPPPAL es un golpe simbólico y político de gran calado. Demuestra que ya no es posible guardar silencio frente al populismo autoritario que ha convertido a Venezuela en una nación devastada. Hoy, la COPPPAL ha optado por la coherencia: no se puede abanderar la justicia social y al mismo tiempo respaldar a un régimen que encarcela opositores, manipula elecciones y pisotea libertades fundamentales.
En palabras de la propia COPPPAL, este es el inicio de “una nueva etapa de acción política regional y global”. Y ojalá lo sea. Porque si la izquierda democrática quiere recuperar su legitimidad, necesita distanciarse —sin excusas ni ambigüedades— de los regímenes autoritarios que han usado su discurso para destruir la democracia desde dentro.
La expulsión del PSUV es más que un hecho político: es un acto de responsabilidad histórica.
