Un ataque a la memoria y a la democracia
Por Félix Muñiz

En una jornada que debía estar marcada por la reflexión, la memoria y la exigencia pacífica de justicia, un grupo de encapuchados decidió convertir el recuerdo del 2 de octubre en un escenario de vandalismo.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) condenó enérgicamente las acciones violentas contra el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), un recinto que, irónicamente, nació como memorial del Movimiento Estudiantil de 1968.
Atacar el CCUT es más que dañar un edificio: es agredir el símbolo de una lucha que se ha querido mantener viva a través del arte, la cultura y la resistencia pacífica. Lo ocurrido este 2 de octubre no es un acto de protesta legítima; es una traición al espíritu del 68, una bofetada a quienes alzaron la voz sin recurrir a la violencia, buscando una sociedad más justa y tolerante.
El vandalismo, disfrazado de protesta
Según informó la UNAM en un comunicado oficial, un grupo de encapuchados se desprendió de la marcha conmemorativa y arremetió directamente contra las instalaciones del CCUT. Rompieron cristales del acceso principal, lanzaron objetos explosivos que causaron daños menores y realizaron pintas sobre columnas y muros. También se reportaron daños a vehículos estacionados en las inmediaciones.
Si bien no se registraron personas lesionadas, el mensaje que estos actos dejan es preocupante: una manifestación de odio y destrucción en el corazón de un recinto dedicado a la cultura, los derechos humanos y la memoria histórica.
La violencia, más aún cuando se ejerce desde el anonimato, no construye democracia ni justicia, solo erosiona los espacios donde debería prevalecer el entendimiento y la reflexión. El CCUT ha sido durante años un lugar de encuentro para causas sociales, exposiciones, conversatorios y proyectos educativos que promueven la tolerancia. Este ataque va en sentido contrario a todo eso.
Una afrenta al legado del 68
Resulta paradójico y profundamente alarmante, que un acto de vandalismo ocurra precisamente contra un centro que honra a las víctimas de Tlatelolco de 1968, cuyo sacrificio fue motivado por el anhelo de una sociedad menos autoritaria. Los agresores no solo dañaron un edificio; ofendieron la memoria de quienes fueron silenciados a balazos hace más de cinco décadas.
La UNAM ha informado que ya se inició la evaluación de daños y que presentará las denuncias correspondientes para que se investigue y sancione a los responsables. Aunque los daños materiales puedan repararse, el daño simbólico al espíritu de esta conmemoración es incalculable.
El CCUT reafirma su vocación pacífica
Frente a la violencia, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco reafirmó su compromiso con la memoria, la paz y la resistencia no violenta. “Nunca compartiremos la violencia, la agresión ni la intolerancia como vías de expresión”, enfatizó la institución.
