Es un ataque cobarde y profundamente ignorante contra los espacios que simbolizan el pensamiento crítico, la creación artística y la libre expresión.
Por Félix Muñiz

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) condena de manera enérgica los actos de destrucción y saqueo perpetrados este domingo en el Centro Cultural Universitario (CCU) y no es para menos.
Lo ocurrido no solo constituye una agresión directa a las instalaciones de una de las instituciones educativas más importantes de América Latina, sino también un ataque cobarde y profundamente ignorante contra los espacios que simbolizan el pensamiento crítico, la creación artística y la libre expresión.
En el marco de una protesta originalmente organizada contra la gentrificación (una causa legítima y urgente), un grupo de encapuchados se desprendió del contingente para dirigirse con violencia a Ciudad Universitaria.
Su objetivo: destruir sin sentido. Casetas de vigilancia fueron vandalizadas, la librería Julio Torri fue dañada, y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), un referente de la cultura contemporánea, fue blanco de ataques que solo pueden ser calificados como actos de brutalidad.
¿En qué momento la lucha social se convirtió en pretexto para el vandalismo irracional? La protesta, un instrumento histórico y valioso de transformación social, fue pervertida por individuos que utilizaron la causa como fachada para sembrar caos. Este tipo de actos no tiene nada que ver con la defensa del espacio público ni con la justicia social; es puro oportunismo violento y destructivo.
La UNAM ha iniciado la evaluación de los daños para presentar las denuncias correspondientes ante las autoridades capitalinas. Y es urgente que no solo se investigue, sino que se sancione a los responsables de forma ejemplar. La impunidad en estos casos solo alienta la repetición de agresiones contra instituciones que, como la UNAM, sostienen los valores democráticos y culturales del país.
No es la primera vez que los espacios universitarios son vulnerados por intereses ajenos a la educación y la cultura. Lo preocupante es que cada nuevo ataque parece encontrar un terreno más fértil para reproducirse, alimentado por una mezcla peligrosa de indiferencia social, permisividad institucional y manipulación ideológica.
La UNAM ha sido clara: defiende el derecho a la manifestación pacífica, el pensamiento plural y la libertad de expresión. Pero jamás podrá tolerar que la violencia, la agresión y la intolerancia se disfracen de protesta. Es urgente que la sociedad civil, la comunidad universitaria y los medios de comunicación distingamos con firmeza entre quienes buscan un cambio genuino y quienes simplemente buscan destruir.
La UNAM condena los actos de destrucción y saqueo en el Centro Cultural Universitario y con razón. Porque no se trata solo de paredes rotas o cristales estrellados. Se trata de un ataque directo al corazón mismo de la universidad pública: su compromiso con el arte, el pensamiento libre y la construcción de un país más justo.
¿Quién gana cuando se destruye un museo? Nadie. Todos perdemos.
