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Marcelo Ebrard presume optimismo con el T-MEC, pero México enfrenta incertidumbre comercial

Según el Secretario de Economía  hay un cambio de paradigma, que coloca a México en una posición privilegiada

Por Félix Muñiz

 

 

Durante su comparecencia ante el Senado de la República, el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, aseguró que el T-MEC no solo se mantiene vigente, sino que sobrevivirá y generará nuevas oportunidades para el país.

Sin embargo, más allá del tono triunfalista, su discurso deja al descubierto una preocupante desconexión entre la narrativa oficial y la realidad económica que enfrenta México.

El titular de Economía Marcelo Ebrard habló de un supuesto “cambio de paradigma” en la relación comercial con Estados Unidos y Canadá, un viraje que —según él— coloca a México en una posición privilegiada frente al nuevo orden económico mundial.

 

 

Pero el panorama real muestra un país sin una política industrial sólida, con un entorno de inversión incierto y con crecientes tensiones dentro del propio marco del T-MEC.

 

 

El secretario explicó que el comercio internacional ha pasado de un sistema basado en ventajas comparativas a otro determinado por políticas arancelarias y medidas proteccionistas. Atribuyó este cambio a transformaciones estructurales impulsadas por la administración de Donald Trump y afirmó que México “se ha adaptado exitosamente”. Sin embargo, lo cierto es que México sigue reaccionando a los cambios externos, sin capacidad de anticiparse ni de diseñar una estrategia nacional coherente.

Ebrard insistió en que la presidenta Claudia Sheinbaum ha implementado una estrategia efectiva para mantener la estabilidad comercial y proteger la inversión extranjera. Pero los resultados son cuestionables: la inversión productiva no crece al ritmo esperado, el nearshoring avanza con obstáculos y la infraestructura industrial sigue rezagada. A pesar de que más del 80% de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos no pagan aranceles, el riesgo de conflictos laborales, energéticos y medioambientales sigue latente de cara a la revisión del tratado en 2026.

El secretario presumió consultas con 32 estados y 30 sectores económicos para consolidar una postura nacional. No obstante, los empresarios han advertido que la burocracia, la falta de certidumbre jurídica y la escasa coordinación institucional amenazan con minar las oportunidades que el T-MEC podría ofrecer. La promesa de un “optimismo razonable” suena hueca frente a una economía que pierde competitividad frente a otros países emergentes.

Incluso el tono de la comparecencia reveló una desconexión política: mientras México enfrenta un entorno internacional volátil, los senadores celebraban el cumpleaños de Ebrard con pastel y “Las Mañanitas”. Una escena simbólica de la banalidad que rodea la conducción económica del país.

El llamado “Plan México”, presentado por el secretario como una apuesta para fomentar polos de desarrollo y contenido nacional, no pasa de ser un proyecto de intenciones sin resultados verificables. Las regiones más rezagadas siguen sin infraestructura ni inversión suficiente, mientras el gobierno presume récords de inversión extranjera que no se traducen en bienestar real para la población.

En conclusión, aunque Marcelo Ebrard asegura que el T-MEC sobrevivirá y traerá nuevas oportunidades, el país sigue atrapado entre la improvisación y el estancamiento. El tratado puede resistir, sí, pero México necesita más que optimismo y discursos: necesita visión, estrategia y liderazgo real. De lo contrario, el T-MEC será otro ejemplo de cómo la política mexicana convierte los grandes acuerdos internacionales en simples trofeos retóricos.

 

 

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