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Marcha por la Paz en Sinaloa, grito desesperado de un pueblo que ya no puede más: Alejandro Moreno

Señaló que “cada día corren balas, se derrama sangre y el gobierno sigue cruzado de brazos, mintiendo, negando, burlándose del dolor de la gente”

De la redacción

 

Sinaloa, México – 7 de septiembre de 2025.- La violencia en Sinaloa ha tocado fondo. No es una exageración, es un hecho brutalmente comprobado por la sangre que corre a diario en sus calles.

La reciente Marcha por la Paz en Sinaloa no fue un acto protocolario ni un desfile simbólico: fue, como lo calificó el líder nacional del PRI Alejandro Moreno, un grito desesperado de un pueblo que ya no puede más. Una súplica convertida en marcha, una exigencia al límite ante un gobierno que, en palabras del dirigente priista, está cruzado de brazos, mintiendo, negando y burlándose del dolor de la gente.

 

La situación en Sinaloa ha escalado a niveles alarmantes. Los ciudadanos salen de sus casas con miedo, mientras los grupos del crimen organizado imponen sus propias reglas. Las balas son el lenguaje cotidiano y la sangre, un precio que se paga por vivir en el olvido institucional.

Frente a esta crisis, el silencio del gobierno de Morena es ensordecedor. ¿Dónde están los responsables de brindar seguridad? ¿Dónde están los resultados de las promesas de transformación? La realidad es clara: no hay seguridad, no hay justicia, no hay quien dé la cara.

Alejandro Moreno fue contundente al denunciar que “la violencia en Sinaloa está fuera de control”, responsabilizando directamente al actual gobierno federal de permitir que el crimen se apodere de la entidad.

El dirigente del tricolor, señala que el gobierno ha abandonado a su gente, ha permitido que el miedo reemplace la esperanza y ha elegido mirar hacia otro lado mientras las familias entierran a sus muertos.

En un mensaje a través de sus redes sociales, Moreno sostuvo que la Marcha por la Paz en Sinaloa no es una movilización partidista ni una bandera política, sino una manifestación legítima del hartazgo social. “Esto ya no es un gobierno, es una dictadura disfrazada”, sentenció**, refiriéndose al autoritarismo creciente que, según él, se esconde detrás del discurso oficialista de Morena. “México no puede esperar más para recuperar el rumbo”, concluyó.

La crítica es directa y severa. Pero más allá de colores y partidos, lo que la Marcha por la Paz en Sinaloa dejó claro es que el pueblo ya no aguanta más simulaciones. La inseguridad ha destrozado comunidades, y los ciudadanos, hartos de la inacción, salieron a las calles a exigir lo más básico: el derecho a vivir sin miedo.

El eco de esta marcha no debe quedar en el vacío. Si el gobierno federal continúa minimizando la tragedia que vive Sinaloa, será cómplice por omisión. Y como advirtió Alejandro Moreno, el país se encuentra ante una encrucijada: o se actúa ahora, o se condena a la gente a seguir viviendo bajo el yugo de la violencia y el abandono.

La Marcha por la Paz en Sinaloa fue un grito. Un grito que duele. Un grito que arde. Pero, sobre todo, un grito que exige respuestas ya.

 

 

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