El país está en llamas y estos incompetentes siguen abrazando a los criminales que asesinan a nuestro pueblo
Por Félix Muñiz

En un país donde la violencia ya forma parte del paisaje cotidiano, el estallido de un coche bomba en Coahuayana, Michoacán, afuera de las instalaciones de la Policía Comunitaria, volvió a evidenciar la fragilidad de la estrategia de seguridad del gobierno federal.
El ataque, que generó alarma entre los habitantes de la zona, coincidió con un ambiente festivo en el Zócalo de la Ciudad de México, lo que detonó una ola de críticas hacia la administración de Morena.
El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, arremetió de manera directa contra el gobierno federal. “Mientras en el Zócalo celebran quién sabe qué, el país está en llamas”, declaró. Y remató: “Estos incompetentes siguen abrazando a los criminales que asesinan a nuestro pueblo”.
La inconformidad del dirigente priista “Alito” Moreno encontraron eco entre sectores que consideran que la política de seguridad basada en la llamada estrategia de “abrazos, no balazos” ha resultado insuficiente para contener el avance del crimen organizado.
El Plan Michoacán: una promesa incumplida
El llamado Plan Michoacán, anunciado en su momento como un eje central para pacificar y recuperar territorios vulnerados por la violencia, se ha convertido en un ejemplo palpable del fracaso gubernamental. La explosión del coche bomba en Coahuayana vuelve a poner en entredicho la efectividad de un proyecto que prometía restablecer el orden y fortalecer la presencia institucional.
Diversos especialistas en seguridad han señalado que la entidad requiere estrategias integrales y de largo plazo, no únicamente operativos temporales. Sin embargo, los resultados continúan siendo insuficientes, mientras comunidades enteras viven bajo constante amenaza.
Un país que arde mientras la clase política celebra
La contradicción entre la violencia creciente y las celebraciones públicas en el Zócalo se ha convertido en un símbolo del malestar ciudadano. Para muchos, las festividades oficiales se sienten ajenas a la realidad de miles de familias que viven entre desapariciones, extorsiones, ataques armados y, ahora, coche bombas que remiten a escenarios que México creía haber dejado atrás.
En Michoacán, un estado que por décadas ha sido epicentro de disputas criminales, la sensación de abandono se profundiza. La explosión en Coahuayana no solo es un ataque más: es la evidencia de que los grupos criminales continúan operando con plena capacidad logística y territorial.
Una estrategia en crisis
La creciente percepción de que la estrategia de seguridad del gobierno de Morena es insuficiente complica el panorama nacional. Las críticas señalan que no existe coordinación adecuada, que la presencia institucional es débil y que la política federal ha fallado en su objetivo de garantizar seguridad y paz.
El reclamo central es claro: mientras en la capital se celebran actos masivos, en regiones como Michoacán la población vive en alerta permanente. Y la explosión del coche bomba reafirma un mensaje duro: la violencia no se detiene sola, ni con discursos ni con festividades.
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