El padrón se repite cada vez que hay crisis relacionada con el naco la Presidencia de la 4T, aparece en Sinaloa paso con AMLO y ahora con Sheinbaum
Por Felix Muñiz

La narrativa ya no es rumor: se ha convertido en una acusación con nombre y apellido, respaldada por declaraciones judiciales, documentos oficiales y ahora, consecuencias económicas manifestó en sus redes sociales Alejandro Moreno Cárdenas.
En su análisis del panorama que ensombrece la relación México Estados Unidos por la detención de los mas importantes lideres del cartel del Sinaloa, el senador del PRI Alejandro Moreno señala que MORENA, el partido que prometió regeneración moral, se encuentra atrapado en una maraña de vínculos cada vez más visibles con el crimen organizado.
La más reciente señal de alerta: la declaración de culpabilidad de Ovidio Guzmán en una corte de Chicago y la explosiva declaración de su abogado, Jeffrey Lichtman, quien acusó directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum de actuar como “publirrelacionista del crimen organizado”.
Esa misma mañana, Sheinbaum apareció en Sinaloa, flanqueada por el gobernador Rubén Rocha Moya. En lugar de aclarar su presencia, optó por el silencio, mientras el país se inundaba de preguntas legítimas: ¿Qué hace la presidenta en la cuna del narco justo cuando uno de sus principales capos colabora con la justicia estadounidense? ¿Casualidad? ¿O cumplimiento de un protocolo no escrito entre el poder político y el narco?
Lo que antes eran conjeturas, hoy son indicios graves que han cruzado fronteras. El presidente Donald Trump no tardó en responder, imponiendo un arancel del 30 % a productos mexicanos, acusando directamente al gobierno mexicano de “tolerancia con los cárteles”.
Mientras tanto, partidos como el PAN y Movimiento Ciudadano callaron, encogidos ante el vendaval. Solo Alejandro “Alito” Moreno, líder nacional del PRI, se atrevió a denunciar lo evidente: “Esto no es una falla de estrategia. Es complicidad. Morena protege a narcopolíticos. Esa es la raíz del problema”.
El señalamiento se agravó con la revelación de que Vector Casa de Bolsa, propiedad de Alfonso Romo —exjefe de la Oficina de la Presidencia con AMLO— fue identificada por el Departamento del Tesoro como pieza clave en el lavado de dinero para el crimen organizado. Las operaciones, entre 2019 y 2023, no son conjeturas: son millones de dólares rastreados, empresas fantasma y conexiones que apuntan al corazón financiero del morenismo.
El patrón es tan evidente como inquietante. Cuando el narco tiembla, el gobierno de MORENA corre a Sinaloa. Lo hizo López Obrador tras la captura fallida del “Chapito” en 2019; lo hace ahora Sheinbaum tras la declaración de Ovidio. ¿A qué van? ¿A calmar las aguas? ¿A recibir instrucciones?
Y mientras el gabinete morenista comienza a mostrar signos de descomposición —con rumores de funcionarios que ya preparan su salida del país— el país enfrenta una pregunta vital: ¿quién alza la voz ante este colapso ético?
En esta hora oscura, el PRI, con sus aciertos y errores, emerge como la única oposición dispuesta a confrontar una verdad incómoda: México no puede ser gobernado desde Sinaloa ni en alianza tácita con quienes siembran muerte. Callar ante esto no es neutralidad: es complicidad.
