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Morena tiene un 20% de curules de más, de las que obtuvieron en las urnas y es lo que distorsiona la convivencia política: Manlio Fabio Beltrones

Advierte que el Plan B no corrige la distorsión democrática y sólo propone ajustes administrativos sin atender el fondo del problema

Por Félix Muñiz

 

 

La discusión sobre la Reforma Electoral y el llamado Plan B ha reavivado uno de los debates más sensibles de la vida pública mexicana: la representación política y el equilibrio de poderes.

Para el senador independiente Manlio Fabio Beltrones Rivera, el problema no está en los ajustes administrativos ni en los supuestos ahorros presupuestales, sino en una distorsión estructural que  afecta la convivencia democrática: Morena tiene un 20% de curules de más respecto a los votos obtenidos en las urnas.

En entrevista radiofónica, el político sonorense Manlio Fabio Beltrones sostuvo que la actual composición de la Cámara de Diputados refleja una “sobre representación grosera, ilegal e inconstitucional” que permite al partido en el gobierno y a sus aliados acumular una mayoría muy por encima de su respaldo electoral.

Según su análisis, con alrededor del 41% de los votos se alcanzó cerca del 73% de la integración legislativa, margen suficiente para modificar la Constitución “a capricho o voluntad”, lo que altera la pluralidad que costó décadas construir.

El senador considera que el Plan B de la Reforma Electoral se presenta como una propuesta orientada a generar ahorros en el manejo administrativo de los poderes públicos, pero no aborda el núcleo del problema. La iniciativa plantea límites presupuestales a congresos locales —con topes de hasta 0.70% del presupuesto estatal— y ajustes en la integración de ayuntamientos y regidurías, dejando en manos de los congresos estatales parte de la reorganización institucional. Para Beltrones, se trata de medidas administrativas que no corrigen la distorsión en la representación federal.

En su reflexión, el legislador evocó el largo tránsito democrático del país. Recordó que en 1976, con la candidatura única de José López Portillo, México enfrentó un escenario de partido prácticamente único. Fue entonces cuando en 1977, bajo el impulso de Jesús Reyes Heroles, se promovió la apertura política que permitió incorporar fuerzas hasta entonces marginadas, sentando las bases de la pluralidad parlamentaria.

Ese proceso —subraya Beltrones— implicó medio siglo de reformas para pasar del partido único al partido hegemónico, y de ahí a un sistema plural con reglas de gobernabilidad que, en su momento, establecieron límites claros a la sobre representación, topándola en 8%. El objetivo era garantizar estabilidad sin sacrificar equidad. Hoy, advierte, ese equilibrio estaría en riesgo.

Desde esta óptica, la sobre representación no es un tecnicismo electoral sino un factor que distorsiona la convivencia política y el análisis de los grandes temas nacionales entre los partidos. Cuando una fuerza política obtiene una mayoría legislativa que no corresponde a su porcentaje real de votos, el diálogo parlamentario se debilita y la construcción de consensos se vuelve innecesaria.

El debate sobre la Reforma Electoral, entonces, no debería reducirse a recortes presupuestales o reacomodos administrativos. La cuestión de fondo para el senador sonorense es cómo garantizar que la representación en el Congreso refleje con fidelidad la voluntad ciudadana expresada en las urnas. De no atenderse esta distorsión, concluye, el país podría retroceder hacia esquemas de hegemonía que la transición democrática mexicana buscó superar durante más de cinco décadas.

 

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