El amanecer en estos estados fue una postal del miedo: carreteras tomadas, vehículos incendiados, tráileres y autobuses atravesados para bloquear el paso
Por Felix Muñiz

Los narco bloqueos registrados tras los operativos del Ejército Mexicano en Jalisco no fueron un hecho aislado ni una reacción menor.
Se convirtieron, en cuestión de horas, en una demostración brutal del poder del crimen organizado y de la fragilidad del Estado mexicano. La violencia se extendió como pólvora hacia Michoacán, Guanajuato y Tamaulipas, paralizando carreteras, ciudades y la vida cotidiana de millones de personas.

Ante este escenario, el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, fue contundente al señalar que este es el México del narcogobierno de MORENA: un país donde el crimen organizado impone su ley, paraliza estados completos y exhibe la ausencia de una estrategia real de seguridad. Sus palabras resuenan porque conectan con lo que millones de mexicanos viven y sienten: abandono, miedo e indignación.
México no puede seguir secuestrado por intereses criminales. No podemos normalizar que cerrar una autopista o quemar un autobús sea parte de la rutina informativa. No podemos aceptar que el miedo sea el pan de cada día y que la violencia se explique como “reacciones” previsibles. Cada narco bloqueo es una derrota del Estado y una herida abierta en la confianza ciudadana.
Desde el PRI el mensaje es claro: ya basta de los pactos del narcogobierno de MORENA. Se tiene que recuperar el control del país con autoridad, inteligencia y firmeza. Combatir al crimen organizado no es un eslogan, es una obligación.
México merece un gobierno que esté del lado de los ciudadanos, que garantice el libre tránsito, la seguridad, la paz y no uno que permita que el crimen organizado decida cuándo, cómo y dónde se puede vivir.
El amanecer en estos estados fue una postal del miedo: carreteras tomadas, vehículos incendiados, tráileres y autobuses atravesados para bloquear el paso. Choferes obligados a descender de sus unidades para prenderles fuego bajo amenaza.
Familias enteras atrapadas sin poder trasladarse a sus trabajos, escuelas u hospitales. Comercios cerrando apresuradamente por temor a saqueos o ataques. No se trató solo de daños materiales, sino de una agresión directa al derecho más básico de cualquier sociedad: vivir sin terror.
Estos narco bloqueos son la respuesta del crimen organizado cuando se siente tocado, pero también son la prueba de que puede reaccionar con total impunidad. Tres y hasta cuatro estados afectados de manera simultánea evidencian una coordinación criminal que supera —o al menos desafía sin pudor— la capacidad de respuesta del gobierno. Mientras las autoridades piden calma, los grupos delictivos demuestran que pueden sitiar regiones enteras y someter a la población civil en cuestión de horas.
