Rechazan reformas impuestas y advierten sobre el avance de un régimen autoritario
Por Félix Muñiz

En un país donde la democracia ya tambalea por los embates del poder central, ahora el Ejecutivo federal pretende dar el zarpazo final al control electoral. La propuesta de reforma electoral impulsada por la Presidencia no es otra cosa que un plan meticulosamente calculado para subordinar al Instituto Nacional Electoral (INE) y, con ello, asegurarse el dominio absoluto del proceso democrático mexicano. Frente a esta amenaza, los legisladores del Partido Acción Nacional (PAN) han alzado la voz con una crítica frontal y sin concesiones: no se prestarán al teatro autoritario del oficialismo.
Ricardo Anaya y Elías Lixa, coordinadores del PAN en el Senado y la Cámara de Diputados respectivamente, denunciaron que el Congreso de la Unión está siendo reducido a un mero espectador, mientras el Ejecutivo diseña una reforma electoral entre sus propios funcionarios, a puerta cerrada y sin transparencia.
La acusación es clara: se pretende consolidar un régimen autoritario al estilo de los peores momentos del presidencialismo hegemónico mexicano.
El líder de los senadores panista Ricardo Anaya calificó la reforma como una “perversidad por partida doble”. Por un lado, funciona como un distractor para ocultar la grave inseguridad, la crisis económica y los presuntos vínculos entre Morena y el crimen organizado.
Por el otro, busca entregar el control del INE y de las elecciones al partido en el poder. “El gobierno ya controla el Ejecutivo, tomó por asalto el Legislativo, desmanteló organismos autónomos como el IFT y la Cofece. Solo le falta el INE”, advirtió el senador.
Este intento por someter al árbitro electoral no es aislado ni ingenuo. Responde a una lógica autoritaria que desprecia la división de poderes y la pluralidad democrática.
El diputado panista Elías Lixa lo resumió con contundencia: “Los legisladores no somos marionetas del Ejecutivo. No nos pidan renunciar a nuestra función legislativa ni convertirnos en parte del decorado de las fotos del poder.”
La iniciativa del Ejecutivo, lejos de abrir un diálogo real, se discute entre funcionarios afines, excluyendo a expertos, sociedad civil y opositores. Una simulación disfrazada de reforma. Incluso la comisión encargada del tema mantiene un voto exclusivo para representantes del Ejecutivo, lo cual asegura que únicamente se apruebe lo dictado por la Presidencia.
Desde el PAN, se ha reiterado la disposición a participar en una reforma electoral seria y profunda, pero solo si su objetivo es fortalecer la democracia, garantizar la pluralidad y reforzar a las instituciones electorales.
Propuestas como eliminar la sobrerrepresentación, sancionar la injerencia del crimen organizado en elecciones y blindar la democracia de la narcopolítica están sobre la mesa. Pero lo que no está a discusión, subrayan, es entregar el poder absoluto a un solo partido.
“No puede haber reforma electoral sin un Congreso protagonista. No avalaremos reformas impuestas desde la necedad ni nos someteremos a un régimen que busca perpetuarse controlando las reglas del juego”, sentenció Lixa.
En un momento definitorio para el país, el PAN lanza una advertencia tan severa como necesaria: la democracia no puede ser rehén de un Ejecutivo obsesionado con el poder total.
