“Salidas falsas” pueden poner en riesgo los avances en la construcción de sociedades más democráticas: Leonardo Lomelí
Por Félix Muñiz
En un contexto donde las tecnologías avanzan a una velocidad sin precedentes, rectores de importantes universidades de México y España coincidieron en la necesidad urgente de defender las humanidades.
Durante la mesa redonda “FIL Pensamiento. La Universidad del Futuro”, celebrada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, destacaron la importancia de recuperar y fortalecer las humanidades, no solo como un campo de conocimiento, sino como una herramienta crucial para orientar la toma de decisiones en un mundo cada vez más complejo y tecnológico.
El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leonardo Lomelí Vanegas, fue claro al señalar que, ante los retos que enfrentan las sociedades contemporáneas, las humanidades tienen un papel esencial. Según Lomelí, estas disciplinas permiten reflexionar sobre el estado de las instituciones políticas y democráticas, particularmente en un contexto de insatisfacción generalizada con ellas. “Hoy más que nunca, las humanidades son fundamentales para enfrentar las ‘salidas falsas’ que amenazan la estabilidad de nuestras democracias”, expresó el rector, destacando la importancia de formar estudiantes capaces de abordar los problemas más urgentes a través de un enfoque multidisciplinario.
La reflexión también incluyó el impacto de la pandemia, donde la toma de decisiones sobre políticas públicas y tratamientos médicos demostró la necesidad de equipos de trabajo integrados por diversas áreas del conocimiento, incluidas las ciencias sociales, las humanidades y las ciencias de la vida. Esta perspectiva interdisciplinaria, señalaron los rectores, es vital para afrontar los desafíos actuales de la humanidad.
En este mismo foro, el rector de la Universidad de Guadalajara Ricardo Villanueva Lomelí, resaltó un tema clave: el reto que enfrentan las universidades en un entorno donde el acceso al conocimiento ya no depende exclusivamente de ellas. En un mundo donde gigantes tecnológicos como Microsoft, Amazon y Google dominan la educación y la formación profesional, Villanueva alertó sobre el peligro de que las universidades se vuelvan obsoletas si no adaptan sus métodos de enseñanza a la velocidad de los avances tecnológicos. A pesar de esto, remarcó la necesidad de regresar a la ética y las humanidades en la formación profesional, destacando que, por ejemplo, decisiones éticas fundamentales, como las que involucran los vehículos autónomos, no pueden basarse únicamente en algoritmos.
Por su parte, la rectora de la Universidad de Valencia María Vicenta Mestre Escrivà, destacó que aunque las universidades deben adaptarse a los cambios rápidos de la sociedad, su misión sigue siendo la misma: generar conocimiento y formar profesionales de calidad. Mestres expresó que la flexibilidad es clave, pero sin sacrificar los principios fundamentales del humanismo. En la misma línea, Joan Guàrdia Olmos, rector de la Universidad de Barcelona, subrayó que las universidades deben ser valientes y audaces al ofrecer respuestas modernas a los nuevos retos de la generación y transmisión de conocimiento.
En este escenario de transformación, Silvia Giorguli Saucedo, presidenta de El Colegio de México, enfatizó que las universidades deben ser pioneras en la incorporación de la tecnología, pero sin perder de vista su rol como espacios de reflexión crítica, equidad y justicia social. Las instituciones de educación superior, según Giorguli, deben seguir siendo motores del cambio social, impulsando un pensamiento que conecte a los profesionistas con su entorno y los prepare para un futuro que va más allá de la automatización tecnológica.
Los rectores coincidieron en que, aunque las universidades deben ser ágiles para incorporar los avances tecnológicos en sus currículos, no deben olvidar su función primordial: formar seres humanos íntegros, éticos y comprometidos con el bienestar colectivo. Defender las humanidades, más que un acto de resistencia, es un acto de visión hacia el futuro. Es la apuesta por una educación que forme no solo expertos técnicos, sino también ciudadanos responsables y críticos. Ante la velocidad del avance tecnológico, la reflexión ética y los valores fundamentales nunca deben perderse de vista.