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Reforma electoral de Morena: el “bombazo” que dinamita a sus aliados y sepulta la democracia: Alejandro Moreno

Es un asalto frontal al sistema democrático del país

Por Félix Muñiz

 

 

La llamada reforma política electoral de Morena no es una modernización institucional: es un asalto frontal al sistema democrático.

Así lo denunció el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, al advertir que esta iniciativa es un auténtico “bombazo” contra sus propios aliados, el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), a quienes —dijo— “son tan tontos que los van a desaparecer”. No es una exageración: es una descripción cruda de una maniobra cínica para concentrar el poder.

Bautizada ya como la Ley Maduro, esta farsa de reforma electoral replica el libreto venezolano: cambiar las reglas para perpetuarse. Beneficia solo a Morena y perjudica a todos los demás. Es tan abusiva que pretende obligar al Verde y al PT a respaldar una reforma diseñada para anularlos. Es, literalmente, un insulto a la inteligencia de sus propios aliados.

El fondo es claro: reducir la representación en el Congreso y recortar el financiamiento público a partidos distintos de Morena para borrar la competencia. No buscan equidad, buscan hegemonía. No quieren contrapesos, quieren obediencia. Esta reforma está hecha para terminar de destruir la democracia y la participación ciudadana, para dejar un país sin voces libres.

Morena no gobierna: depreda todo lo que toca. Ha golpeado la Constitución, la salud, la seguridad, la justicia, las libertades y el prestigio de México en el mundo. Ahora va por el sistema electoral, la última barrera que impide la concentración total del poder. Su proyecto no es de transformación, es de dominación.

El mensaje a PVEM y PT es brutal: hoy son útiles, mañana prescindibles. Morena no los quiere como aliados, los quiere doblegados. Con experiencia política suficiente, ambos partidos saben que esta reforma no es un acuerdo, es una emboscada. Les quitan espacios, recursos y futuro. Hoy pagan el costo de las ocurrencias autoritarias del gobierno. Si actúan con responsabilidad histórica, deberán frenar esta deriva.

La comunidad internacional, nuestros socios del T-MEC —Estados Unidos y Canadá—, y el pueblo de México deben tenerlo claro: Morena no está reformando, está desmontando la democracia pieza por pieza para quedarse con el control total. Un país sin contrapesos, sin competencia y sin prensa libre es una dictadura en ciernes.

Lo que ocurre es grave y no puede normalizarse. Cada retroceso institucional nos acerca a un régimen de partido único. La historia latinoamericana es contundente: cuando se captura al árbitro electoral, se secuestra la voluntad popular.

Que no haya dudas: si se deterioran las relaciones internacionales, si se pone en riesgo el T-MEC y la estabilidad del país, será responsabilidad de los gobiernos de Morena. Aún estamos a tiempo de detener este atropello. Callar hoy es consentir la dictadura mañana.

 

 

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