La diputada del PRI acusa a Manuel Pedrero de agresiones reiteradas y advierte que no tolerará ataques misóginos en espacios públicos
Por Félix Muñiz

La diputada local del PRI, Tania Larios Pérez, abandonó una mesa de debate en Radio Fórmula tras denunciar que fue víctima de violencia política en razón de género por parte del Youtubero Manuel Pedrero.
La legisladora priista Tania Larios aseguró que no existieron “condiciones mínimas de respeto” para sostener la discusión y que la agresión “rebasó cualquier límite”.
“Hace unos momentos abandoné la mesa de debate porque la violencia rebasó cualquier límite. No existieron condiciones mínimas de respeto. Lo que hubo fue agresión abierta, reiterada y sostenida”, expresó Larios en un mensaje posterior, en el que explicó que no se le permitió hablar ni argumentar sus dichos durante el intercambio.
El episodio no sólo exhibe la polarización que domina el debate público en México, sino que vuelve a colocar en el centro un problema estructural: la violencia política contra las mujeres.
La legisladora capitalina priista, dijo que Pedrero (a quien señaló como vocero afín a Morena) optó por “mentir, calumniar y atacar de manera personal” en lugar de sostener una discusión con argumentos.
Larios Pérez fue más allá al acusarlo de ejercer nuevamente violencia política en razón de género desde un micrófono de alcance nacional. “Es incapaz de reconocer su propia violencia, su machismo y su misoginia”, afirmó. En su posicionamiento, advirtió que esas actitudes no pueden minimizarse ni disfrazarse de opinión, en un país donde la violencia contra las mujeres ha cobrado miles de vidas y donde el discurso público tiene consecuencias reales.
La decisión de levantarse y abandonar el espacio, sostuvo, fue un acto de dignidad. “Me levanté y me fui por respeto a todas las mujeres que han sido violentadas en México. Permanecer sentada habría significado tolerar lo intolerable”, subrayó. En un contexto donde muchas mujeres en la política han optado históricamente por resistir en silencio agresiones normalizadas, el gesto adquiere una dimensión simbólica que interpela tanto a medios como a actores políticos.
La legisladora también agradeció la solidaridad de Sofía Margarita, quien decidió abandonar la mesa ante lo que calificaron como violencia imparable. El acto de sororidad, aunque breve, envía un mensaje potente sobre la necesidad de no convalidar entornos hostiles.
Más allá del intercambio específico, el incidente abre una discusión necesaria sobre el papel de los medios de comunicación como garantes de un debate plural, pero también respetuoso. La confrontación es parte inherente de la democracia; la descalificación personal y los ataques con tintes de género no lo son. Cuando el micrófono se convierte en herramienta de humillación, el espacio público se degrada.
Larios fue enfática: “No me van a callar. No me van a doblar. Aquí estoy, firme y sin miedo”. Sus palabras reflejan no sólo una postura individual, sino la exigencia colectiva de que la violencia política de género deje de ser una práctica tolerada bajo el argumento de la libertad de expresión.
La pregunta de fondo es incómoda pero urgente: ¿hasta cuándo la confrontación política seguirá cruzando la línea del debate hacia la agresión? Lo ocurrido en Radio Fórmula no es un hecho aislado, sino el síntoma de una cultura que aún confunde estridencia con argumento y machismo con carácter. Romper esa inercia es responsabilidad compartida.
