Mientras los mexicanos viven con miedo, el régimen de Morena se dedica a consolidar su poder, a maquillar cifras y a construir su propia narrativa de “transformación”
Por Félix Muñiz

Asesinaron a tres niñas en Sonora. Dos gemelas de 9 años y su hermana de 11 fueron ejecutadas y abandonadas como si fueran desechos. Días antes, su madre también fue asesinada. ¿Qué clase de país permite algo así?
México sigue hundido en una crisis de violencia sin control y el asesinato de estas tres niñas en Sonora ha sacudido al país. Sin embargo, el gobierno federal, encabezado por Morena, permanece impasible, indiferente, de brazos cruzados ante una tragedia que exige no solo justicia, sino una acción inmediata y contundente.
El dirigente nacional del PRI Alejandro Moreno Cárdenas, denunció con fuerza este crimen atroz y apuntó directamente al gobierno de Morena como responsable de la inacción. “Este gobierno es omiso y criminal. Está de brazos caídos ante la inseguridad. No tiene estrategia y no le importa la vida de la gente”, sentenció Moreno.
Mientras los mexicanos viven con miedo, mientras miles de familias lloran a sus muertos y desaparecidos, el régimen de Morena se dedica a consolidar su poder, a maquillar cifras y a construir su propia narrativa de “transformación”. Pero, ¿de qué sirve una transformación que ignora el dolor de su pueblo? ¿Qué clase de transformación es aquella que permite que niñas inocentes sean asesinadas en una carretera?
El asesinato de niñas en Sonora no es un hecho aislado. Es el reflejo de un país abandonado por sus autoridades, donde el crimen organizado impone su ley y donde el Estado ha renunciado a proteger a sus ciudadanos. Morena llegó al poder prometiendo paz y justicia, pero ha entregado sangre y desamparo.
“Ni una niña más”, exigió Alejandro Moreno. Y esa exigencia debe ser la de todos los mexicanos. Porque lo que ocurrió en Sonora es una herida que atraviesa el alma nacional. Es una prueba brutal de que el gobierno ha fallado, y lo ha hecho con consecuencias irreparables.
El dolor de estas muertes es inmenso. Pero más inmensa es la irresponsabilidad de un gobierno que calla. Que no condena. Que no actúa. Que se muestra más interesado en el control político que en la protección de la vida.
México merece justicia. México merece paz. México merece un gobierno que luche por su gente, no uno que la abandone en una carretera polvorienta, como lo hizo con esas tres niñas.
El silencio oficial es complicidad. La inacción, un crimen más.
