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Morena frente al espejo se cae a pedazos: la realidad desmorona su narrativa: Alejandro Moreno

Acusa al régimen de vivir su propio colapso ante el fracaso de promesas incumplidas

Por Félix Muñiz

 

 

En la vida pública de las naciones existen momentos en los que el discurso oficial deja de sostenerse por sí mismo. No es la crítica opositora la que lo derrumba, sino la contundencia de los hechos.

Así lo describió el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, quien lanzó una crítica frontal al régimen encabezado por Morena, al señalar que su proyecto político “se cae a pedazos”, no por ataques externos, sino por la crudeza de la realidad que enfrenta el país.

Y, México atraviesa hoy uno de esos episodios. Desde 2018, Morena construyó una narrativa de transformación profunda, prometiendo erradicar prácticas del pasado y encaminar al país hacia un nuevo modelo de desarrollo.

Sin embargo, siete años después, los resultados distan de aquellas promesas. Uno de los ejemplos más evidentes es el tema energético. El fracking fue condenado como una práctica nociva que debía desaparecer.

Hoy, ante la presión por garantizar el suministro energético, el mismo gobierno que lo rechazó se ve obligado a reconsiderarlo. La contradicción no es menor: evidencia improvisación y falta de planeación estratégica.

El combate a la corrupción fue otro de los pilares discursivos. Se aseguró que bastaba con cambiar a quienes gobernaban para limpiar al país. Pero la corrupción no desapareció; mutó. Se volvió más opaca, menos visible y, en muchos casos, tolerada. El discurso moral que enarboló el oficialismo se ha diluido frente a prácticas que reproducen viejos vicios.

A ello se suma la apuesta por megaproyectos que, lejos de resolver problemas estructurales, se han convertido en auténticos barriles sin fondo. Miles de millones de pesos han sido destinados a obras que no generan los beneficios prometidos, mientras sectores esenciales como la salud y la educación permanecen desatendidos. La promesa de un sistema de salud de primer nivel quedó en el olvido frente a hospitales deteriorados, desabasto de medicamentos y personal médico trabajando en condiciones precarias.

En materia de seguridad, la estrategia de “abrazos y no balazos” tampoco ha dado resultados. Amplias regiones del país permanecen bajo el control del crimen organizado. La violencia, la extorsión y el miedo son parte de la vida cotidiana de millones de mexicanos. La ausencia del Estado en estas zonas refleja el fracaso de una política que apostó por la inacción.

Las finanzas públicas, por su parte, enfrentan una presión creciente. Los ahorros acumulados en administraciones anteriores se han agotado, mientras decisiones improvisadas han generado costos millonarios para el erario. A esto se suma el deterioro de la infraestructura pública, el rezago educativo y un clima de incertidumbre que desalienta la inversión.

Moreno Cárdenas advierte que no se trata de un desgaste natural del ejercicio de gobierno, sino del colapso progresivo de una narrativa que prometió más de lo que podía cumplir. La erosión de los contrapesos institucionales, el debilitamiento del Poder Judicial y la concentración del poder profundizan la desconfianza.

El diagnóstico es contundente: el régimen morenista enfrenta su propia realidad. La pregunta que queda en el aire es si, en su caída, arrastrará consigo al país. México, como advierte el líder priista, es más grande que cualquier proyecto político, pero las decisiones actuales marcarán el rumbo de las próximas generaciones.

 

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