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Tren Maya: entre la opacidad, el derroche y el riesgo ambiental se han perdido 6 mil millones de pesos: Mayuli Martínez

El PAN en el Senado exige frenar la obra, investigar presunta corrupción y ordenar una inspección urgente ante posibles daños irreversibles

Por Félix Muñiz

 

 

La presión política sobre el Tren Maya escala, y no es menor: lo que alguna vez fue presentado como el proyecto insignia de desarrollo del sureste mexicano hoy enfrenta acusaciones severas de corrupción, ineficiencia financiera y devastación ambiental. La senadora Mayuli Latifa Martínez Simón, respaldada por la bancada del PAN en el Senado, lanzó una ofensiva frontal contra el gobierno federal al exigir la suspensión inmediata de la operación, investigaciones formales y una inspección ambiental urgente.

La crítica no es superficial, la legisladora panista por el Estado de Quintana Roo Latifa Martínez Simón desmanteló el discurso oficial que durante años sostuvo el expresidente Andrés Manuel López Obrador: un tren “autosuficiente”, “rentable” y sin costo para los mexicanos.

 

 

La realidad, según los datos expuestos, es diametralmente opuesta. El proyecto, cuyo costo inicial oscilaba entre 120 y 150 mil millones de pesos, ha superado los 500 mil millones, convirtiéndose en un símbolo de sobrecosto y opacidad.

Más grave aún es el señalamiento de una presunta red de corrupción vinculada a la construcción, donde aparecen nombres como Pedro Salazar Beltrán y Amílcar Olán. A esto se suman acusaciones sobre negocios atribuidos a los hijos del exmandatario, lo que refuerza la percepción de un proyecto capturado por intereses privados a costa del erario.

El golpe financiero es contundente: en 2025, el Tren Maya reportó pérdidas superiores a 3 mil 500 millones de pesos, mientras que el Grupo Mundo Maya acumuló más de 2 mil 500 millones en números rojos. Más de 6 mil millones de pesos perdidos en un solo año que, inevitablemente, terminarán siendo absorbidos por los contribuyentes.

Pero el problema no es solo económico. La senadora alertó sobre fallas estructurales y de seguridad que ya han derivado en descarrilamientos en distintos puntos como Tixkokob, Bacalar e Izamal, así como hundimientos en el Tramo 5. Este último atraviesa terreno kárstico, altamente inestable, donde incluso se han tenido que improvisar soluciones como estructuras metálicas para sostener las vías.

El impacto ambiental es, quizás, el más alarmante. La obra amenaza directamente al sistema de cuevas y cenotes Sac Actún, el más extenso del mundo, con más de 345 kilómetros. La falta de estudios adecuados, la ausencia de medidas de mitigación y el desprecio por las advertencias de expertos configuran un escenario de posible daño irreversible.

La exigencia del PAN no es retórica: detener el Tramo 5, investigar a fondo y evitar lo que podría convertirse en una tragedia humana y ecológica. El Tren Maya, lejos de ser un motor de desarrollo, comienza a perfilarse como un caso emblemático de mala planeación, opacidad y costos que México no puede seguir pagando.

 

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