Y exige una diplomacia eficaz, con resultados concretos ante Estados Unidos y el mundo
Por Félix Muñiz

El senador del PRI Alejandro Moreno Cárdenas fijó una postura tajante frente a la ratificación de Roberto Velasco como nuevo titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores: su grupo parlamentario votó en contra porque no está dispuesto a otorgar “un cheque en blanco”.
El también presidente nacional del PRI Alejandro Moreno fue enfático al subrayar que la decisión no obedece a cuestiones personales ni generacionales. “No es un tema de edades, es un tema de responsabilidades”, sostuvo, al tiempo que reconoció que se reunió con el nuevo canciller, escuchó su planteamiento y expuso críticas “firmes, duras, pero respetuosas”.
Sin embargo, para el PRI, el diálogo institucional no es suficiente si no viene acompañado de resultados medibles.
La crítica central apunta a lo que el legislador calificó como una política exterior “pésima” en los últimos años. En particular, cuestionó la falta de avances sustantivos en la relación con Estados Unidos y Canadá, socios estratégicos en el marco del T-MEC.
En su planteamiento el legislador priista Moreno Cárdenas, no se consolidaron reuniones bilaterales de alto nivel ni una cumbre trilateral que fortaleciera la cooperación económica y de seguridad en América del Norte.
El señalamiento no es menor. En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas —desde los conflictos en Europa del Este hasta crisis en Medio Oriente y África—, la claridad de posicionamientos y la capacidad de interlocución son activos fundamentales para cualquier cancillería. Moreno reprochó lo que considera posturas ambiguas del gobierno mexicano en temas como Ucrania y Rusia, Irán o Sudán, y también en las relaciones con países como Ecuador, España o Perú. A su juicio, el principio de no intervención no debe confundirse con indefinición diplomática.
No obstante, más allá del tono crítico, la postura priista abre un debate necesario: ¿qué tipo de política exterior requiere México en 2026? El propio senador ofreció pistas al señalar la necesidad de una cancillería “profesional, fuerte, responsable y con peso político”, capaz de trabajar activamente con organismos multilaterales como la ONU y la OEA, y de fortalecer vínculos con Europa y Asia.
La oposición, en este caso, no plantea un rechazo absoluto al funcionario, sino una exigencia de desempeño. “Si da resultados con el tiempo será a favor de México”, concedió Moreno, dejando abierta la puerta a una evaluación futura basada en hechos y no en afinidades partidistas.
La clave estará en los próximos meses. Con la negociación comercial prevista para julio en el marco del T-MEC y en medio de una agenda internacional compleja, el nuevo canciller tendrá la oportunidad de demostrar capacidad de gestión y liderazgo político. La relación con Estados Unidos —principal socio comercial y aliado estratégico— será la prueba más inmediata.
El voto en contra del PRI no bloquea el funcionamiento institucional, pero sí envía un mensaje: la política exterior no puede ser un terreno de complacencias. Requiere visión de Estado, resultados concretos y una estrategia clara. En esa exigencia, más allá de la disputa partidista, se juega buena parte de la posición de México en el mundo.
