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“Si el periodismo no incomoda, no sería periodismo”: el desafío de Raúl Bolaños-Cacho Cué, al poder

El presidente de la Cámara de Diputados reivindica las preguntas incómodas y recuerda a los funcionarios que gobernar también significa soportar el escrutinio de la prensa

Por Félix Muñiz

 

En la política mexicana abundan los discursos sobre transparencia, rendición de cuentas y respeto a la libertad de expresión. Lo que escasea, en cambio, es la disposición para escuchar una pregunta incómoda sin cambiar el gesto, evadir la respuesta o convertir al periodista en el problema.

Por eso, la afirmación del presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Bolaños-Cacho Cué, merece algo más que una frase destacada: plantea una exigencia básica para quienes ejercen el poder.

“Si el periodismo no incomoda, no sería periodismo”, sostuvo el diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), al reconocer que los funcionarios públicos están permanentemente bajo el escrutinio de los medios de comunicación.

 

 

En conferencia de prensa y a pregunta expresa por Punto Aéreo la declaración parece obvia el diputado del Partido Verde Ecologista de México Raúl Bolaños, pero en la práctica política mexicana suele convertirse en una asignatura pendiente.

Hay servidores públicos que toleran con facilidad las preguntas que confirman sus discursos y pierden rápidamente la paciencia cuando el reportero cambia el guion, cuestiona una decisión o pide explicaciones sobre aquello que el poder preferiría mantener fuera de los reflectores.

Bolaños-Cacho Cué plantea una salida distinta: no embravuconarse. El término resulta particularmente significativo porque desnuda una tentación recurrente del poder: confundir autoridad con inmunidad frente a la crítica.

El legislador reconoce que también ha recibido preguntas incómodas durante su trayectoria. Su argumento es que forman parte de las reglas del juego democrático. Incluso compara el ejercicio periodístico con la labor de sus adversarios políticos: así como un legislador del PAN o del PRI tiene derecho a defender posiciones con las que él no coincide, los periodistas tienen derecho a preguntar aquello que consideren necesario.

Y ahí aparece la verdadera prueba. No basta con declarar que se respeta a la prensa cuando las preguntas son amables. El respeto se demuestra cuando el cuestionamiento resulta molesto, cuando obliga a explicar una decisión y, sobre todo, cuando coloca al funcionario frente a sus propias contradicciones.

El presidente de la Cámara de Diputados reconoce que su planteamiento pertenece al “mundo ideal” y admite que habrá quienes no soporten ese ejercicio. Precisamente ahí está el punto: la democracia no puede depender del temperamento del funcionario de turno.

Las preguntas incómodas no son una provocación; son parte del escrutinio público. Y si un funcionario tiene la razón, como sostiene Bolaños-Cacho Cué, la mejor respuesta no es molestarse, sino demostrarlo con argumentos, datos y transparencia.

Porque cuando el poder solamente acepta preguntas que no lo incomodan, el periodismo deja de ser contrapeso y corre el riesgo de convertirse en simple decoración institucional.

 

 

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