Denuncian negligencia del gobierno ante un crimen que sacude la imagen internacional de México
Por Félix Muñiz

La violencia desatada en Teotihuacán, uno de los destinos turísticos más emblemáticos y de alcance internacional, no solo dejó víctimas, sino que evidenció una alarmante falta de seguridad que hoy indigna y preocupa.
Senadores del PRI, encabezados por Alejandro Moreno Cárdenas, alzaron la voz ante lo que califican como un hecho “lamentable y profundamente preocupante”, cuestionando la capacidad del gobierno para garantizar la integridad de visitantes nacionales y extranjeros.
“¿Cómo es posible que no haya seguridad en el acceso a lugares tan concurridos? ¿No existen arcos de seguridad? ¿De verdad pasaron armas y municiones sin que nadie lo notara?”, cuestionó Moreno Cárdenas, dejando al descubierto una cadena de omisiones que terminó en tragedia. El saldo es devastador: personas heridas y el asesinato de una mujer canadiense, un hecho que trasciende fronteras y golpea directamente la reputación del país.
La crítica no es menor. Para los legisladores, el gobierno de Morena debe explicar con claridad qué falló y, sobre todo, quién asumirá las consecuencias. “México no puede seguir normalizando tragedias que se pudieron evitar”, enfatizó el dirigente priista, señalando una preocupante tendencia de negligencia institucional.
El señalamiento es contundente: con su incompetencia, las autoridades convirtieron un sitio histórico y cultural en una escena del crimen. La imagen de México, una vez más, queda deteriorada ante los ojos del mundo, justo en un contexto en el que el país debería proyectar confianza, especialmente a menos de dos meses de un evento internacional de gran relevancia como el Mundial.
La violencia en Teotihuacán no es un hecho aislado, sino un síntoma de una crisis de seguridad que parece desbordada. Si no se puede garantizar la tranquilidad en un espacio turístico de esta magnitud, ¿qué pueden esperar las y los ciudadanos en su vida cotidiana?
Las y los senadores del PRI expresaron su solidaridad con las familias de la víctima, así como su respaldo a las personas heridas, deseándoles una pronta recuperación. Sin embargo, dejaron claro que la empatía no es suficiente: exigieron justicia pronta y expedita, con investigaciones imparciales y resultados concretos.
Hoy, la indignación crece al mismo ritmo que la incertidumbre. Teotihuacán no solo perdió su paz; México pierde credibilidad.
